Hoteles con vinoterapia después de la vendimia
La vinoterapia se ha puesto de moda. La culpa la tienen hoteles con spa como el Marqués de Riscal, que ha traído a España a Caudalie, los inventores de esta terapia, o Villa Laguardia, que investiga en la fusión de vino y aceite en sus tratamientos. Recorremos los alojamientos de la D.O. La Rioja que se han apuntado a esta imparable tendencia.
La piscina del spa del hotel Villa de Laguardia, en la Rioja Alavesa, se inauguró la pasada primavera revestida de efte –un material muy resistente al calor y fácil de modelar que ha sido utilizdo en la T4 de Barajas o en el Pabellón de la Sed de la Expo de Zaragoza–, a pocos kilómetros del hotel diseñado por Frank Gehry en aluminio y titanio y a cientos de metros de la bodega que diseñó Calatrava para Ysios. Así se las gastan en esta zona, donde cuentan con una experiencia de siglos transformando la materia perdurable de las uvas en algo mucho más sólido.
Por ejemplo, en Laguardia, la capital de esta comarca, las casas son, desde hace siglos, tan pétreas como las murallas que rodean la villa. El hotel Villa de Laguardia, en cambio, es un edificio de nueva construcción situado extramuros. Su historia ha ido al compás de las necesidades enoturísticas de la zona. Empezó como un espacio de catering para los grupos de curiosos y evolucionó hacia un foro de encuentro (el adyacente Centro Temático del Vino Villa Lucía) y posterior hotel. En él se fueron sucediendo también un restaurante gourmet, una tienda de vinos con todas las referencias imprescindibles de la comarca y la oferta de una serie de actividades enoturísticas, en viñedo o en sala de catas.
Su última apuesta es el spa, en el que no se han detenido en los tratamientos con cáscara y pepita de uva que ya circulan por los circuitos balnearios desde los 90. Su Wine Oil Spa es también el laboratorio en el que se prueban nuevas ideas. Algunas tienen vocación comercial, como la que permite a una pareja elegir su vino favorito para bañarse en él dentro de una tina de madera. Otras ponen el acento en la investigación, como los tratamientos que han desarrollado fusionando sus vinos con el aceite local de aceituna arróniz. De momento, han puesto en marcha un paquete llamado Las siete cuadrillas de Álava, en el que los masajes y los descansos los protagonizan productos (miel, trufa, sal…) de las siete comarcas de la provincia. Cada cabina se ha hecho a medida para sus respectivos tratamientos, con sorpresas como el Espacio Noé, donde se entra en grupo para asistir a un desfile de sensaciones que involucran, de uno en uno, a los cinco sentidos. Las sorpresas abarcan hasta el circuito hidrotermal, que, con su cubierta de efte, permite ponerse moreno en la intimidad de la piscina.
Que en esta comarca habían abierto los brazos a la vanguardia ya lo sabía todo el mundo (literalmente) desde que Frank Gehry concluyó en 2006 su château del siglo XXI en Elciego, a 6 kilómetros de Laguardia. Para un pueblo de poco más de mil habitantes, el hotel Marqués de Riscal supuso lo mismo que si hubieran aterrizado los marcianos junto a su iglesia de San Andrés. Hasta entonces era el edificio más llamativo, con sus torres neoclásicas de sillería. Ahora ambos hacen una extraña pareja. Durante estos tres años se han difundido las ideas que manejó el arquitecto para diseñarlo: una cubierta de formas onduladas que representa una vid, con sus hojas y su tronco; los colores del vino y de las botellas de Marqués de Riscal trasladados a sus láminas; la necesidad de que el edificio no fuera más alto que San Andrés, que se puede ver desde casi todo el recinto… Pero el huésped va a descubrir algunas más, como que la arquitectura exaltada del exterior deja paso a unos espacios interiores amplios y de colores claros que invitan a la calma. O que las nubes y los viñedos de alrededor se reflejan en las planchas e integran el hotel en el paisaje más de lo que parecería a simple vista. O que las habitaciones del segundo edificio, el del spa, tienen las mejores vistas…
Entre las agradables sorpresas de este hotel de cinco estrellas perteneciente a la marca Luxury Collection de Starwood destaca el restaurante principal, al que asesora Francis Paniego, poseedor de una estrella Michelin en su restaurante Echaurren. Entre su mobiliario conviven arriesgados diseños, sillas que ya son un clásico, como las de Verner Panton, y diseños exclusivos de Gehry. Algunos de ellos están en la biblioteca, un espacio que se ha mimado con una asombrosa colección de libros de principios de siglo y una terraza con las mejores vistas del edificio.
Para el spa se ha elegido la ambientación más vinícola de todas. Cepas viejas de retorcida presencia decoran las paredes de la piscina, en la que los protagonistas son los viñedos vecinos, que entran en el recinto en cinemascope a través de unos grandes ventanales. Su dirección está a cargo de Caudalie, la marca que inventó la vinoterapia. Tanto el circuito termal como el resto de las instalaciones son breves, como para destacar la importancia de los tratamientos. Todos ellos –baños, envolturas, masajes, gommages y tratamientos faciales– se basan en la uva y sus propiedades. En Caudalie descubrieron hace más de diez años que la uva activaba la circulación o que el aceite de pepita tenía propiedades nutritivas y suavizantes para la piel.
La vinoterapia lo tiene todo para triunfar en la zona: posibilidad de llevarla a cabo con productos autóctonos, un público entusiasta de su esencia y unos paisajes que constituyen el fondo perfecto para su filosofía de vuelta a las raíces, al contacto con la naturaleza. Si se quiere seguir su estela en los hoteles riojanos hay que dirigirse hacia Haro, donde los alojamientos se decantan por la ornamentación clásica o rústica y aprovechan los históricos edificios de piedra que abundan en la zona. Por el camino paramos en Ábalos, en la bodega Puelles. Sus propietarios han erigido lo más parecido a un château bordelés que encontraremos en la comarca.
La Hospedería del Vino es un pequeño hotel con un ambiente que recuerda más que ningún otro de por aquí al que vivían los protagonistas del largometraje Entre copas. Está situado junto a un antiguo molino y rodeado de los viñedos de la familia. Las telas de Gastón y Daniela, los televisores de pantalla plana, las maderas claras y los muebles italianos dan una idea del mimo con que se ha equipado cada una de sus seis habitaciones. Junto a ellas se ha construido un pequeño spa con piscina, sauna de vapor e hidromasaje. Los tratamientos de vinoterapia se dan en una sala en la que se rodaron escenas de los más recientes anuncios que promocionan el turismo riojano. Fernando Colomo y Diego Martín recibían un masaje anti-edad, la especialidad del hotel, frente a unos balcones con vistas al valle vecino. Las vistas son también lo que multiplica el efecto refrescante de su piscina, que se asoma a una chopera y al viñedo familiar. La familia Puelles asegura que fueron los primeros en abrir su bodega al público, pero ahora, sólo en el camino hacia Haro, vamos a encontrar decenas de productoras vinícolas visitables. Hay cerca de 2.800 bodegas inscritas en la Denominación de Origen. Muchas de las que bordean este camino figuran entre las que resultan más familiares: Bodegas Bilbaínas, Ramón Bilbao, Cune o La Rioja Alta no andan demasiado lejos.
En Briñas, a 4 kilómetros al norte de Haro, el hotel Señorío de Briñas es un palacete del siglo XVIII dividido en 20 habitaciones. Jarrones, máquinas de escribir, un antiguo carrito de niño, barricas, una calabaza y un triciclo forman parte de una decoración en la que los muebles de las zonas comunes se parecen a los que tenía (o tiene) tu abuela. Todo ello, unido a los trampantojos con escenas de caza y a ciertos elementos de aire modernista, como las puertas, termina otorgando al hotel una cálida atmósfera de caserío vetusto. Aquí la vinoterapia se ofrece en el área más fresca, la parte baja, en la que se ha ubicado una gran bañera de hidromasaje con cromoterapia y una sala donde se ofrecen masajes con productos derivados del vino.
Los mismos promotores de Señorío de Briñas abrieron en 2001 en Casalarreina, a 8 kilómetros de allí, el hotel Señorío de Casalarreina, que comparte con aquél algunos de sus planteamientos decorativos y acumula trampantojos y objetos diversos en sus escasas zonas comunes. Ocupa el edificio que fuera la casa arzobispal durante la edificación del monasterio dominico de la Piedad, entre 1514 y 1524. De este origen le quedan unos anchos muros de piedra, entre los que da gusto dormir, y altos techos con vigas de madera. Además de un cauce artificial por el que el arzobispo de Calahorra hizo pasar el río Oja, que aún discurre junto a la pared del salón de desayunos. Unos desayunos presididos por un esponjoso bizcocho casero que son lo más valorado por los huéspedes, junto con las bañeras de hidromasaje y los jacuzzis, presentes unos u otros en todas las habitaciones. Las estancias tienen vistas a la plaza a la que se abre el monasterio. Algunas, sobre todo la 16, son una butaca en primera fila a las subyugantes esculturas que conforman el pórtico.
La vinoterapia se lleva a cabo aquí en las propias estancias, tal y como sucede en otros hoteles de la zona. Entre ellos destaca Los Agustinos de Haro, otro convento (siglo XIV) con un claustro porticado cubierto con una bóveda de cristal y amueblado con lámparas y sillones de diseño. El hotel Ciudad de Haro, el Balneario de Arnedillo, la casa rural la Facultad de Castroviejo, la Posada Mayor de Migueloa, en Laguardia, y el Palacio de Azcárate, en Ezcaray, son otros de los hoteles que se han apuntado a la tendencia imparable que supone la vinoterapia, que es ya el tratamiento más demandado en las escapadas enoturísticas.











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