Pontevedra, gran teatro de la vida gallega
Ciudad que supo evitar el megaurbanismo atrofiante, Pontevedra es uno de los lugares más bellos de Galicia. De supuesto origen griego (Hellenes), los romanos la llamaron “Ad Duos Pontes” y también hablaron de su puente viejo (Ponte Veteri). Es un escenario en el que se representa una parte importante de la vida de los gallegos y del mundo.
A comienzos del siglo pasado, la escritora inglesa Catherine Gasquoine Hartley y su segundo marido llegaron en barco a Vigo en busca de los paraísos perdidos que aún guardaba el río Miño para pescar truchas y salmones, y aquella experiencia hizo que Gasquoine escribiera y publicase en Londres, en 1911, Spain Revisited. A summer Holiday in Galicia, libro de viajes que ha recuperado la editorial Galaxia con el título de Un verán en Galicia. Cuando llega por primera vez a Pontevedra, desde el balneario de Mondariz, la escritora se da cuenta en seguida de que la recibe “un buen lugar” del mundo.
“En el preciso instante en que se hizo visible a través de las ventanillas de nuestro automóvil percibí que era una buena villa”, dejó escrito Catherine Gasquoine antes de apuntar, prácticamente a renglón seguido, que no conocía ninguna otra ciudad que tuviera las características escénicas de Pontevedra, refiriéndose a su privilegiada situación geográfica, “en la cabecera de una hermosa ría, en el lugar en el que los ríos Lérez, Alba y Tomeia entregan sus aguas al mar, rodeada por un cinturón de cerros que dejan ver detrás la sierra”.
Si hace más de cien años Pontevedra era un buen lugar, ¿qué se puede decir hoy de la ciudad que hasta compite con Génova en la posibilidad de haber sido la patria chica de Cristóbal Colón? Para empezar, que sigue siendo cierto algo que también dejó escrito Gasquoine Hartley al señalar que “como Santiago, Pontevedra está completamente construida de historia”. El bosque de piedra (poeta García Bodaño dixit) que ha ido creciendo a lo largo de los siglos en Compostela tiene en esta ciudad de las Rías Baixas una réplica en calles y edificios que han ido conservando la memoria de tiempos pasados. Las inscripciones que aún se pueden ver en las fachadas de piedra de sus casas, los escudos de armas de las antiguas familias o las recoletas plazas de su casco histórico hacen de Pontevedra un museo vivo y directo de Galicia.
Calles de ensueño
No en vano, esta villa ha sido un importante puerto marítimo y hasta se le supone haber sido fundada por Teucro, uno de los mejores arqueros griegos, hijo de Telamón y de Hersíone y hermano de Ayax, vencedor de Aretrón, de Imbrio, de Protoón, Perifetes; segundo en los juegos fúnebres de la muerte de Patroclo, frustrado matador de Héctor al haber roto Zeus la cuerda de su arco que, por no haber defendido a su hermano ni vengado la muerte, fue desterrado por su padre y se vio obligado a fundar en Chipre una segunda Salamina en la que ofreció sacrificios humanos. Textos antiguos de Trogo Pompeyo, Silio Itálico, Asklepíades de Mirlea y Estrabón le atribuyen la fundación de Cartagena y posteriormente la de Hellenes, que pudo haber sido el nombre griego de Pontevedra.
Mito o realidad, el hecho es que la antaño poderosa corporación gremial de los marineros pontevedreses, como señaló el erudito Xosé Filgueira Valverde, hizo uso continuo de la simbología herculiana como símbolo de su colectividad. Así, en la fachada de la iglesia de Santa María la Mayor, al lado de San Miguel, patrono de la cofradía de los mareantes, hay una escultura de Hércules portando la clava, que es el símbolo del gremio.
En los astilleros de Pontevedra se construyeron naves tan famosas como las que mandó el poeta almirante Paio Gómez Chariño cuando navegó hasta Sevilla para tomar esta ciudad a los árabes. O la Santa María de Colón, que originalmente se llamó La Gallega. Tener hasta tuvo piratas Pontevedra. El célebre Benito Soto, uno de los pocos españoles que alcanzaron fama en el mundo de la piratería, que inició su carrera en el bergantín El Defensor de Pedro, a cuyo capitán abandonó en algún lugar de África después de haber partido de Río de Janeiro en 1823. La fragata inglesa Morning Star fue su víctima principal antes de ser rebautizada con el nombre de Burla Negra, y acabó costándole el ahorca miento en Gibraltar al pirata. En fin, una ciudad que hay que visitar viajando por unas calles y plazas que nos sumerjen en la historia y en la realidad actual.
La hermosa plaza de la Alameda, corazón de la ciudad, es un buen punto de partida, con su doble fila de robles y plátanos, el edificio de la Diputación, los jardines de Vicentti y el monumento a los héroes de Pontesampaio, que celebra un episodio de la lucha que sostuvieron los gallegos contra las tropas invasoras de Napoleón. O las ruinas de Santo Domingo, que proceden de un antiguo templo de dominicos que llegaron a Pontevedra a finales del siglo XII. Lo que se conserva es la cabecera de un antiguo templo gótico de cinco ábsides en torno a los que se exponen algunas lápidas y estelas romanas, sepulcros medievales y piezas románicas, junto a las sepulturas de Tristán Montenegro, Suero y Paio Gómez de Sotomayor. En la Alameda hay un amplio aparcamiento subterráneo que permite al viajero dejar el coche en el centro de la ciudad.
Mansiones palaciegas
A continuación, por las calles Santa María, Arzobispo Malvar y Michelena, que siguen la línea que marcaba la antigua muralla de la ciudad, el casco antiguo nos recibe ya con la primera casa palaciega, en la calle Santa María, la que perteneció a la familia de Méndez Núñez, levantada sobre el solar que en su tiempo ocupó el palacio fortaleza de los Churruchao. La iglesia de Santa María, en la calle de su nombre, construida por el gremio de mareantes en el siglo XVI, de estilo gótico tardío, es el primer monumento que hay que visitar por su destacada belleza.
Junto a esta iglesia nace la calle Isabel II, que atraviesa toda la parte antigua de la ciudad. Calles laterales como las de la Amargura, Rúa Alta, Princesa o Chariño y la pequeña plaza de las Cinco Rúas merecen que el viajero se pierda por ellas con sus sueños. La calle del Barón pasa por delante del Parador de Turismo, antiguo palacio del Barón de Casa Goda. Muy cerca, la plaza del Teucro o del Pan agrupa varios edificios muy interesantes (Pazo de Montenegro, el de San Román, palacio de Aranda y Guimarei…).
Un poco más adelante, los soportales y la plaza de la Herrería recibieron su nombre de los antiguos talleres de forja que había en el lugar que posteriormente fue escenario del mercado de los sábados y acabó siendo un magnífico y tranquilísimo espacio para el ocio y la vida social. Esta plaza tuvo en su centro una bella fuente del siglo XVI que ahora se puede ver en los jardines del atrio de la iglesia de San Francisco, un bello convento que hay en las proximidades y que proviene del siglo XIII. En este lugar está el sepulcro de Paio Gómez Chariño, entre otros.
Muy cerca está la iglesia de la Peregrina, construcción de planta circular del siglo XVIII que mezcla estilos barroco y neoclásico. La Peregrina es la patrona de Pontevedra y su pila de agua bendita está formada por una concha de enorme tamaño que fue traída por el marino pontevedrés Casto Méndez Núñez desde algún lugar del Pacífico. Por la calle Pasantería el viajero puede llegar a otra bella plaza de la ciudad: la de la Leña, llamada así porque en ella se vendía leña para las antiguas cocinas. Es uno de los más hermosos lugares de Pontevedra. Los tres edificios que albergan el Museo Provincial en esta plaza representan excelentemente la vieja arquitectura de los pazos urbanos gallegos.
Luego hay más cosas que ver en la ciudad gallega de Teucro: la iglesia de San Bartolomé, que fue capilla del colegio de la Compañía de Jesús desde su fundación en el año 1683 hasta la expulsión de los jesuitas en 1767; el convento de Santa Clara, otra hermosa plaza como es la de Mugartegui, o un paseo por lo lo poco que queda de la vieja Moureira, donde vivían los del gremio de mareantes…











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