Destinos que se visten de Navidad

Algunos porque se ponen el disfraz en forma de luces y adornos hasta transformarse por completo. Y otros porque ya de por sí conforman una estampa de lo más entrañable para estas fechas.

Noelia Ferreiro
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Nuremberg

Es una de las ciudades que mejor hace gala de todos los tópicos navideños: frío hasta decir basta, muchas veces acompañado de nieve; calles engalanadas con una iluminación sin parangón y un mercadillo difícil de olvidar, Christkindlesmarkt, que se cuenta entre los más famosos del mundo. Puestos que son una delicia, aromas a vino caliente, ponche de ron, almendras tostadas y un marco espectacular que cambia la fisionomía del entramado urbano como un decorado especial. Tampoco falta, claro, San Nikolaus, el Papá Noel alemán.

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Antártida

Lo de unas navidades blancas no puede cobrar más sentido en este remoto rincón donde, a pesar de encontrase en verano, el termómetro jamás sube de 0º. Es lo que tiene asentarse en el extremo sur del globo, allí donde la Tierra se muestra primigenia. Por eso, las navidades en estos parajes no tienen luces de colores sino que están marcadas por la soledad y el silencio, por montañas cubiertas de hielo y nieve, centenares de glaciares azulados e icebergs de formas alocadas que se deslizan por las aguas gélidas, bajo un sol que bien es cierto que no calienta pero, eso sí, brilla toda la noche. 

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Las Vegas

Su adorable atmósfera kitsch rozando lo hortera se potencia aún más por estas fechas en la mítica ciudad del juego. A sus ya estridentes neones se suma un enjambre de luces y tal acumulación de abetos que daría para poblar un nuevo parque nacional. Frívola, divertida y estrambótica como es ella misma, también así son sus fiestas de Navidad. Espectáculos en el interior de los hoteles, conciertos gratuitos por las calles, coloridos desfiles, shows con una producción bestial y todo, desde los famosos casinos hasta las pistas de patinaje de hielo, con cientos de almas inmortalizando con sus cámaras semejante ambiente festivo.

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Laponia Finlandesa

La tierra que es el la cuna de Papá Noel o San Nicolás (en Rovaniemi se encuentra su casa, con un taller de juguetes y una oficina de correos para recibir sus cartas) está tapizada de un manto tan bucólicamente blanco que cuesta creer que, por sus bosques plagados de renos, no habiten también ciertos duendes ocultos entre los hielos polares. Nada puede ser más auténticamente navideño que este territorio finlandés, donde las fiestas pasan por cantar villancicos, atiborrarse de copiosas cenas y calentarse después en sus famosas saunas. Porque, decía la canción de una famosa serie animada, “en Laponia hace frío, pero yo me río”.

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Islandia

Los fuegos artificiales, que durante el resto del año requieren una autorización especial, inundan todos los rincones de Islandia en su época navideña. El cielo se llena de mil colores y manda también la tradición prender numerosas hogueras al más puro estilo de San Juan. Todo vale en esta celebración singular que vive la isla de los paisajes imposibles, que no cuenta con uno sino con hasta trece Papás Noel que ellos llaman viejitos navideños. Su descomunal naturaleza, cuajada de lagos, volcanes, fiordos, cascadas y géiseres, pone la nota de belleza al país más seguro del mundo.