Cruzando el puente sobre el río Kwai

Aunque tiene más de mito que de realidad, esta famosa estampa inmortalizada por David Lean atrae a miles de visitantes en una de las excursiones más demandadas desde Bangkok.

Noelia Ferreiro
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No hay melodía más atornillada a la historia del cine que el pegadizo silbido entonado como marcha militar por aquel batallón de prisioneros británicos que, descalzos y con el uniforme hecho trizas, se disponen a levantar un gigantesco puente. Estamos en la Tailandia ocupada por los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial y la empresa es tender en plena selva un trazado ferroviario hasta Birmania. Pero el precio es llevarse consigo la muerte de 100.000 hombres.

Con esta ficción basada en un hecho real, el novelista francés Pierre Boulle escribió El puente sobre el río Kwai y años más tarde David Lean lo convirtió en una película ganadora de siete Oscars. Aunque fue rodada en Sri Lanka (antigua Ceilán), el escenario verídico de la trama, esto es, aquella ciudad de Kanchanaburi reconvertida en un brutal campo de trabajo forzado, sigue despertando interés entre los viajeros a Tailandia.

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Y es que a algo más de un par de horas desde Bangkok  aguarda un lugar habilitado para el recuerdo de quienes perdieron la vida en estas infrahumanas condiciones. La construcción del llamado Ferrocarril de la Muerte fue una obra maestra de la ingeniería que logró conectar este accidentado territorio de unos 500 kilómetros para asegurar así una ruta alternativa de abastecimiento que permitiera nuevas conquistas en el sudeste asiático.

Un trayecto que incluía el famoso puente sobre el río Kwai, utilizado apenas nueve meses puesto que fue bombardeado por los aliados en 1945. Lo que hoy vemos ni es el verdadero (que voló por los aires) ni está en su localización primitiva (ya que fue desplazado) pero recrea aquel lugar cargado de simbolismo que dio nombre a uno los filmes del género bélico más laureados de la historia. 

Ubicado en un paraje de frondosa vegetación, al puente de nuestros días, bien es cierto, le sobran turistas y selfies, igual que a Kanchanaburi le sobra ajetreo y ruido. Pero aún sigue gozando de ese envoltorio histórico-cinematográfico que le otorga una atmósfera única. Por su estructura cruzan trenes con vagones de madera que recorren algunos tramos del Ferrocarril de la Muerte. Y en paralelo discurre un pequeño sendero por el antiguo trazado de las vías.

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El capítulo guerrero de este rincón selvático también incluye dos cementerios  con las víctimas aliadas y varios museos que documentan los hechos, como el Museo de Guerra Jeath, con detalles de los cruentos castigos infligidos por los japoneses y declaraciones de escalofriantes anécdotas de los supervivientes. También se puede visitar el Monumento al Desfiladero del Infierno, que debe su nombre a las tétricas sombras que proyectaban las antorchas de los prisioneros mientras trabajaban en la noche.

 Pero es la naturaleza la que ofrece el rostro más amable de esta provincia tailandesa que, además de bucear en la historia, permite realizar actividades de aventura como tirolina, kayak, paseos en elefante… Incluso se puede recorrer el Parque Nacional de Erawan , famoso por su cascada de siete niveles que, cuentan, se asemeja al elefante de tres cabezas de la mitología hinduista.