Las ciudades más bonitas para el invierno

Hay lugares que, bajo un manto de nieve, se presentan como una postal con aires de cuento infantil. Aquí van siete metrópolis europeas a las que les sienta bien el frío. Son belleza urbana bajo cero.

Noelia Ferreiro
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Praga (República Checa)

Si la ciudad más deseada del corazón de Europa encarna la quintaesencia de la belleza, sólo hay que imaginarla teñida de blanco. Desde su laberinto de calles sinuosas hasta el sobrecogedor paseo del Puente de Carlos, pasando por la soberbia panorámica que se vierte desde su castillo de hadas. De madrugada, ya sin gentes y con esas luces escénicas, la escena alcanza lo sobrenatural… ¡magia pura!

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San Petersburgo (Rusia)

Con el río Neva y sus canales convertidos en un espejo de hielo, la ciudad más europea de Rusia (la más refinada también) se deja envolver por la nieve en su profusión de palacios y plazas colosales, en sus iglesias de cúpulas doradas, en sus jardines y puentes exquisitos. Y así permanece durante todo el invierno, con unas temperaturas gélidas, sí, pero con tanta fastuosidad que es un regalo para los sentidos.

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Tallín (Estonia)

Con una lograda atmósfera medieval, la capital de Estonia parece haber sido diseñada según los parámetros de un cuento de hadas: castillos, callejones intrincados, mercados antiguos… y hasta uno se puede imaginar fantasmas (que para eso existen algunas leyendas) e incluso a un príncipe bajo la ventisca al rescate de su bella dama. Así es Tallín en invierno: blanca y anacrónica, verdaderamente hermosa.

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Salzburgo (Austria)

Conocida como la ciudad barroca o la cuna de Mozart, esta ciudad austríaca con un centro histórico declarado Patrimonio de la Humanidad, es una auténtica obra de arte en la que se codean estilos tan diversos como el románico, el renacimiento, el gótico o el barroco. Su estampa blanca tras los primeros fríos es inolvidable, con la imponente Fortaleza de Hohensalzburg en una de las colinas y el ramillete de torres de sus iglesias conformando un idílico skyline.

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Estocolmo (Suecia)

Un tercio de agua, otro de zona construida y otro de oxigenantes parques y bosques. Así es la capital de Suecia, levantada sobre catorce islas. Un mosaico en azul y verde que, con los rigores del frío, se torna tan inquietante como algunas de las novelas de misterio que han nacido en esta ciudad envuelta en bruma, clásica y sofisticada, pero también creativa y sin complejos. Y es que Estocolmo conjuga con mucho tino su bella estética medieval con atrevidas tendencias de diseño. 

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Lucerna (Suiza)

La que es, para muchos, la ciudad más bella de Suiza resulta deliciosa en invierno. Por el tinte bucólico que adquiere su casco antiguo, trazado de fachadas multicolores, iglesias barrocas y un magnífico puente de madera. Por su lago del mismo nombre reflejando el cielo y el río Reuss que divide la ciudad hasta fluir a su costa noroeste. Pero también porque está enmarcada por un impresionante paisaje de cumbres nevadas. Que por algo está en el corazón de los Alpes. 

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Tromsø (Noruega)

La capital del norte de Noruega, con su animada vida universitaria, es uno de los centros culturales del país, agraciada con un pintoresco casco antiguo y ese halo místico que le confiere el hallarse en las inmediaciones del Círculo Polar. Sus inviernos, durísimos, privan a sus habitantes de la luz del sol, pero a cambio les regala el espectáculo más misterioso del firmamento: el de las auroras boreales, ese juego de cortinas multicolores que iluminan las largas noches del ártico.