Cinco planes fantásticos en Helsinki

Naturaleza a un solo paso, un vibrante panorama cultural, gastronomía sin pretensiones, diseño por un tubo y, por supuesto, la sauna omnipresente. La capital finlandesa brinda una lección de buena vida incluso en los días sin luz

Noelia Ferreiro
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Foto: horstgerlach / ISTOCK

Ni el crudo invierno, ni las noches que se extienden silenciosas, apagan esta ciudad de carácter único, pragmática, creativa, emocionalmente ligada a una naturaleza que se asoma a apenas un paso del asfalto. Una ciudad que es el paradigma del bienestar no tanto por su delantera social como por esa capacidad de soñar una vida más bella, sin ruido, sin tensión, en plácida serenidad.

Ahora que Finlandia ha cumplido un siglo desde su independencia, y con el país inmerso en interesantes iniciativas como aquella que ha convertido su ADN en sinfonía, es buen momento para descubrir esta capital que, con sus continuas oleadas de reinvención, se cuela a menudo a la cabeza del ranking de las metrópolis más habitables.

Helsinki es una ciudad que vive de cara al mar, que bebe café a todas horas, que suena a música épica y que absorbe las últimas tendencias en cuanto a moda y gastronomía. Y aunque brinda miles de planes, estos son algunos que no debes perderte:

Una sauna, claro

La que tal vez sea su mayor seña de identidad (existen en este país más saunas que coches) es una adicción inexplicable fuera de las fronteras finlandesas. Hasta que se experimenta y, claro, uno cae rendido ante esta práctica que trasciende la función terapéutica para erigirse en un acto social. Es lo que acontece en Löyly que, más que sus 2.000 metros cuadrados de sauna a orillas del Báltico, es también un local de moda con restaurante, bar, terraza y solárium, en un ultramoderno edificio de madera cerca del mismo centro. No es el único lugar para eliminar toxinas, pero sí el más representativo.  

Un vistazo a su arquitectura

Hace frío, sí, pero será cuestión de abrigarse para dar un paseo y admirar edificios memorables como los del arquitecto Alvar Aalto, uno de los más grandes del siglo XX: Finlandia Hall (un palacio de eventos y congresos) o la sede de Enso-Gutzeit, sólo por poner dos ejemplos. También para descubrir la estela clasicista que dejaron los zares y que se aprecia en la Plaza del Senado con la Catedral aupada a una cima. Y para no perderse otras muchas obras de arte como la Estación de tren de Eliel Saarinen, el templo modernista de Kallio o el Museo Nacional. E incluso rarezas como Temppeliaukio, conocida como la iglesia de la roca.

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Descubrir auténtico arte culinario

En Helsinki, cocina y ecología son dos términos que se complementan hasta fundirse en uno solo. Porque aquí lo healthy irrumpió sobre el mantel mucho antes de convertirse en una moda. De ello dan fe los centenares de restaurantes que conforman un panorama eco de lo más completo y variopinto. Algunos tan curiosos como Juuri conocido por sus sapas, que son las tapas a lo finés; Linnankellari, emplazado en el sótano de una antigua prisión reconvertida en hotel; o Grön con un estupendo menú disponible en versión vegana.

Al menos un museo

Por ejemplo, el Museo de la Ciudad que, como todo en Helsinki, escapa a lo convencional. Porque además de tratarse de una máquina del tiempo con la que repasar su historia (fotografías que evolucionan con gafas 3D, la recreación de un hogar de los años 70, una maqueta a escala de 1878…), de una exposición infantil llamada La Ciudad de los Niños y de una muestra sobre la propia capital a través de aspectos relacionados con la sexualidad, es una sala de estar para los ciudadanos, que acuden a tomar un café, trabajar o socializar. ¿Quién dijo que los museos eran serios?

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Salto a la naturaleza

Es fácil, ya lo decíamos. Desde el mismo corazón de la ciudad con el Parque Central (3,5 veces mayor que su homólogo neoyorkino) hasta las 300 islas que salpican su costa o el fantástico bosque de Vuosaari, a las afueras del entramado urbano. Pero para disfrutar del paisaje finlandés en su máxima expresión sólo hay que desplazarse algo más de media hora. Allí, cerca de Espoo, descansa el Parque Nacional de Nuuksio, encarecidamente recomendable. Lagos increíbles, grandes masas forestales, colinas rocosas y raros especímenes de flora y fauna, además de actividades tan gratificantes como el senderismo, la recolección de setas y bayas, la escalada en roca o el patinaje sobre hielo en los mismos lagos que se congelan en invierno.