¿Un caleidoscopio submarino…? Así es la Gran Barrera de Coral

Este prodigio australiano es la mayor red de arrecifes del mundo y el hogar de las criaturas más fascinantes de las profundidades del mar.

Noelia Ferreiro
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Foto: ISTOCK

Arrecifes, cayos coralinos y un centenar de islas tropicales con deslumbrantes playas de arena blanca. Y en las profundidades, una biodiversidad de ecosistemas mucho más rica que la que exhibe la selva tropical. Así es, en la superficie y en el fondo, la Gran Barrera de Coral, el más preciado tesoro de Australia y uno de los espectáculos más impresionantes que nos regala la naturaleza.

Sin réplica en ningún otro rincón de la Tierra, este prodigio, que no sólo es Patrimonio de la Humanidad sino también una de las Siete Maravillas del Mundo Natural, se cuela a menudo entre los primeros puestos de los lugares que hay que visitar al menos una vez en la vida. La BBC, por ejemplo, lo situó en la segunda posición, tan sólo por detrás del Gran Cañón del Colorado (EE UU).

Nada extraña, ciertamente. Porque se trata de un universo colorido, casi psicodélico, de una suerte de caleidoscopio submarino cuya belleza es muy difícil de explicar. Dicen que es el único ser vivo que es visible desde el espacio. Y también que se podría bucear cada día, en toda una existencia, y aún aun así no se llegaría nunca a conocer los secretos de esta franja de dimensiones mayores que la Muralla China.

Isla Verde, sobre la Gran Barrera de Coral. | ISTOCK

La Gran Barrera de Coral esconde millones de años en sus 2.300 kilómetros de extensión, con los que discurre paralela al litoral del estado de Queensland: desde donde arranca la Costa de Capricornio hasta acariciar el estrecho de Torres, ya en el sur de Nueva Guinea. Una hilera gigantesca de belleza submarina que fue descubierta por el explorador británico James Cook, el primer europeo en divisarla, en 1770, durante uno de sus viajes por el Pacífico a bordo de la nave Endeavour. Encalló en algún punto del nordeste australiano y quedó tan fascinado con el panorama que sus diarios guardan constancia del impacto de este descubrimiento.

¿Qué es lo que se encuentra bajo estas aguas que, ya desde la ventanilla del avión, cuando se sobrevuela la zona, aparecen como una alfombra turquesa con destellos celestes y esmeralda? Las cifras marean cuando se habla de las criaturas que lo pueblan. Mamíferos como ballenas, delfines y manatíes; 1.500 especies de peces; 400 tipos de coral; 4.000 clases de moluscos, tortugas, estrellas de mar … Todo bajo las alocadas siluetas y los colores imposibles que conforman los millones de pólipos, siempre ávidos de la luz del sol. Por ello explorar esta joya australiana es como sumergirse en un mundo de dibujos animados.

Con semejantes dimensiones, existen muchos puntos desde los que acceder a la Gran Barrera. Para los que llegan por carretera, el primer contacto tiene lugar a unos 2.000 kilómetros de Sidney. Bundaberg y Gladstone son la puerta de entrada a las islas más meridionales del Arrecife: Lady Elliot, Lady Musgrave, Heron y Wilson, todos cayos de coral con aguas cristalinas y magníficas posibilidades para el buceo.

Más al norte, desde Arlie Beach, el Archipiélago de las Whitsunday, considerado el Tahití de las antípodas, es otro bello acceso a la cordillera coralina que permite, además, una experiencia memorable: la de navegar por las islas en un apacible velero o en una frenética lancha motora.

Cairns, Queensland. | ISTOCK

Pero si hay una localidad consagrada a la Gran Barrera, ésta es la descaradamente turística Cairns. Una ciudad playera y hedonista, atestada de bares y mochileros, que constituye el punto en el que el arrecife se encuentra más próximo al litoral. Por eso dispone de cientos de agencias y circuitos, que la convierten en una de las zonas de buceo más populares del mundo. Green Island, Fiztroy o el Frankland Islands National Park son algunos de los platos fuertes.

Tanto si se opta por submarinismo o snorkel; como si se prefiere asistir a esta función marina desde un barco con el suelo de cristal, la inmersión entre mantas, tiburones martillo, meros gigantes… quedará para siempre en la retina.