Entre bodegas por la Ribera del Duero

En estas tierras de Castilla, que el Duero abraza con su corriente, se dibuja un paisaje salpicado por vides, hasta donde la vista alcanza.  Es la cuna de los caldos que dan fama internacional a esta región plagada de viñedos, y que discurre entre las provincias de Valladolid, Segovia, Burgos y Soria.

Irene González
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Foto: ASIFE / ISTOCK

La comarca, con cerca de 300 bodegas, invita a catar un vino recio entre cuevas clásicas, o ultramodernas y de diseño, donde se produce una de las denominaciones de origen más famosas del mundo. Esta escapada atraviesa 115 kilómetros, a través de una ruta que une a más de 100 pueblos a lo largo del río Duero. Es tierra de bodegas subterráneas que transportan a los orígenes del vino, de arquitectura vanguardista, de magnífica gastronomía, de patrimonio cultural o de parajes naturales convierten este viaje en una experiencia inolvidable.

En este territorio, dotado de unas condiciones excepcionales para el cultivo de la vid, el vino es la excusa para hacer una escapada entre más de 21.000 hectáreas de viñedos, que producen casi 50 millones de litros de vino cada año. Pocas regiones han conocido una revalorización tan grande de sus vinos como la Ribera del Duero, donde elaboran sus vinos con la tinto fino, la tempranillo, en los que sorprende su profundidad aromática y su excelente crianza en madera. Y entre bodega y bodega, un alto en el camino para apreciar sus encantos: adentrarse en sus cuevas; disfrutar del peculiar paisaje que proporcionan los viñedos; perderse por las calles de sus pueblos, visitar sus castillos, monasterios, atalayas árabes, e iglesias románicas.

Y, cómo no, degustar el lechazo asado en horno de leña de encina, la morcilla, el queso y la torta de pan de aceite. Es un recorrido lleno de sabor, paisajes e historia, ya que la Ribera del Duero no es solo rica en extensión, sino también en sensaciones.

Gumiel de Izán, Burgos

El paisaje de Gumiel de Izán enamora por sus altas y pedregosas parameras junto a sus onduladas campiñas de viñedo y cereal, inmersos en una fértil vega. Gumiel tiene un interesante núcleo urbano que desde 2004 es Conjunto Histórico Artístico. Está cuajada de lagares y de interesante arquitectura popular. Su monumento más importante es la Iglesia de Santa María, declarada Bien de Interés Cultural, que se alza en la Plaza Mayor. Paseando entre sus estrechas y empinadas calles se puede disfrutar de antiguas casonas de piedra con ricos escudos heráldicos, o descansar en sus coquetas plazuelas. Y llegar a su ermita de la Virgen del Río supone un agradable paseo. La burgalesa Gumiel de Izán, está llena de bodegas subterráneas, la gran mayoría de ellas son tradicionales, pequeñas y antiguas, que conviven con grandes, vanguardistas y llamativas. Y desde luego, hay que visitar ambas. Entre las tradicionales es obligatoria Renalterra, que nos transporta al siglo XV. Y entre las vanguardistas está Portia, diseñada por Norman Foster, creada para el desarrollo del turismo enológico.

Aranda de Duero, Burgos

Aranda de Duero, con algo más de 32.000 habitantes, es la población más grande de la Ribera en la provincia de Burgos. Aranda conserva monumentos históricos de relevancia, como la iglesia de Santa María la Real y su magnífica portada gótico-isabelina del XV, uno de los emblemas de Aranda. También es interesante la iglesia de San Juan Bautista del XV, que fue sede del Concilio de Aranda bajo el reinado de Enrique IV, para combatir la ignorancia y la vida disipada de algunos clérigos. No hay que perderse el Palacio de los Berdugo, el Rollo Jurisdiccional, la Casa de las Bolas, y la Bodega de las Ánimas, además de pasear por su puente medieval  y sus más de diez bellas Plazas. El caldo ligado a la historia se puede saborear en las bodegas subterráneas de Aranda, que laten bajo la localidad a lo largo de más de siete kilómetros. Tras una buena comida, nada mejor que recorrer los excepcionales paraje naturales como el parque de las hoces del río Riaza, que acoge un refugio de aves rapaces y buitres leonados, o explorar la senda del Duero. Es una experiencia visitar el complejo enológico El Lagar de Isilla.

 

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Roa, Burgos

En dirección hacia Peñafiel, en el desvío por la carretera BU-122, se llega a Roa, sede del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Ribera del Duero, que cuenta con un interesante patrimonio arquitectónico. A Roa vino a morir el célebre Cardenal Cisneros cuando viajaba para recibir a Carlos V para entregarle sus poderes. Roa se asienta en lo alto de un cerro que domina el valle del río Duero desde hace más de 2.500 años. Hoy, con unos 2.500 habitantes, es considerado el corazón de la Ribera. Algunos historiadores sostienen que puede tratarse de la antigua Rauda romana. Por aquí pasaba una calzada romana que iba de Clunia a Astorga. A finales del 1.200 la reina Violante de Aragón, viuda de Alfonso X, ordenó la construcción de las murallas de Roa, así como la normativa sobre el proceso de la vendimia. Muy interesante son su Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, el edificio de La Alhóndiga del XVII y la Torre que queda en pie del Castillo. No hay que dejar Roa sin ver los monumentos al Empecinado y al Cardenal Cisneros, además de visitar las bodegas Viña Solorca y Condado de Haza.

Peñafiel, Valladolid

En la Ribera del Duero vallisoletana, la principal población con unos 5.000 habitantes es Peñafiel que, además de vino, es historia. En las calles de Peñafiel hay que perderse por su barrio judío, sus callejuelas y plazas. En su casco se alza la Iglesia de Santa María de Mediavilla con una gran mezcla de estilos arquitectónicos. No muy lejos están la Iglesia de Santa Clara con interesantes retablos barrocos y la Iglesia de San Miguel con restos de la cabecera románica del XII. Junto a ella se alza la Iglesia Convento de San Pablo, levantada sobre los restos históricos del Alcázar de Alfonso X y donde hoy descansan los restos de Don Juan Manuel de Villena. Impresionante es la medieval Plaza del Coso, en cuyo alrededor se alzan 48 edificios de madera con Servidumbre de Balcón y con el magnífico Castillo de Peñafiel como telón de fondo. El castillo, del siglo IX, se divisa a varios kilómetros a la redonda como si fuera un faro. Acoge el Museo Provincial del Vino, una visita obligada para comprender el largo y complejo proceso de elaboración del vino. Imprescindible acudir a las bodegas Pago de Carraovejas y Protos.

Curiel, Valladolid

Muy cerca de Peñafiel está la pequeña y bellísima Curiel de Duero. Los orígenes de Curiel se remontan al segundo milenio antes de Cristo, como señalan los restos arqueológicos de la Edad del Bronce Antiguo, encontrados en sus cerros y a los pies de su castillo. Curiel se encuentra en pleno corazón de la Ribera del Duero vallisoletana, en un pequeño valle que mira al Duero. La Villa, de unos 100 habitantes, conserva una interesante arquitectura medieval que nos habla de su importancia histórica en la reconquista de la meseta castellana. Hay que detenerse en su museo etnológico que está ubicado en los antiguos lavaderos, interesante para comprender cómo era antiguamente el día a día de sus habitantes. Interesante también es la Iglesia de Santa María del siglo XV, construida sobre la ruinas de la anterior románica, así como la fachada del Palacio de los Zúñiga, de 1.410, que ha sufrido muchos avatares a lo largo de su historia. El emblemático Castillo de Curiel, del siglo XI, que domina un cerro rocoso, fue un baluarte de la Reconquista y hoy es un atractivo hotel restaurante. Atractiva es la bodega Arco de Curiel.

Pesquera de Duero, Valladolid

Otro centro neurálgico de la región es Pesquera de Duero, que tradicionalmente ha sido un cruce de caminos y un lugar geográficamente privilegiado por la bondad de sus tierras. Así que desde tiempos remotos ha sido el lugar ideal para pastores y agricultores. En las laderas de los cerros de Pesquera existen restos de un poblado prehistórico donde han aparecido objetos del Neolítico, de la Edad de Bronce y de la Edad de Hierro. Hay que visitar su Iglesia Parroquial de San Juan Bautista del XVI, así como sus ermitas de Nuestra Señora de Rubialejos, del Santo Cristo, de San Pedro y San Sebastián. Y desde luego, su porticada Plaza Mayor, con su interesante arco de entrada del siglo XVII y gran número de dinteles. Esta pequeña villa es una de las cunas del vino de calidad, no en vano tiene registradas cerca de 25 bodegas con Denominación de Origen Ribera del Duero. Aunque el rey de la zona es el Tinto Pesquera que creó Alejandro Fernández que cultiva sus vides en un suelo pobre, de arenas y gravas sobre calizas y arcillas, pero bien drenado.

Valbuena de Duero, Valladolid

A través de una carretera comarcal abrazada por viñedos y bodegas, se llega a Balbuena de Duero, uno de los municipios pioneros de la concentración parcelaria. Toda Valbuena estuvo en tiempos rodeada de murallas de la que hoy se conserva el Arco de acceso a la villa, adosada por un lado al Ayuntamiento, y por el otro, a la Iglesia Santa María la Mayor del Castillo, del siglo XVI. Magnífico es el monasterio cisterciense de Santa María de Valbuena, fundado en el siglo XII por Estefanía Armengol y cuyos primeros moradores fueron monjes franceses. El monasterio, que es monumento Histórico Artístico Nacional desde 1931, entró en decadencia con la Desamortización de Mendizábal cuando se vendieron todas sus dependencias, salvo la Iglesia que siguió funcionando como parroquia. Tras pasar por manos privadas hoy es la Sede de la Fundación las Edades del Hombre. Además, parte de él, se ha reconvertido en un lujoso hotel balneario. Muy interesantes son las bodegas de Matarromera y Vega Sicilia, aunque este ultima no es visitable.