Las mejores calles del mundo para ir de compras

Ya sea un placer secreto o confeso, las buenas compras añaden un aliciente a casi cualquier viaje. Hay quien incluso hace coincidir sus vacaciones con la estupenda temporada de rebajas de Londres y hasta de Singapur, y también quienes viajan con poco equipaje no tanto por comodidad como para traerse la maleta llena, sobre todo si van a recalar por alguno de los grandes destinos de compras que recorremos en estas páginas.

Texto: Elena del Amo

La Quinta Avenida en Nueva York

Siete kilómetros de ilusiones
Un año sí y otro también, la Quinta encabeza el ranking de las zonas comerciales más caras del planeta. En su tramo de oro, entre la calle 59 y más o menos la 49, el alquiler mensual de un local puede acercarse a la friolera de 1.500 euros por metro cuadrado, aunque, para alivio de los locos por las compras, sus escaparates no son un coto privado de las firmas de lujo. Cierto que todas estas están presentes y a lo grande; sin embargo, en los siete kilómetros trazados a tiralíneas de la avenida más famosa de Manhattan cabe de todo y para todos. En realidad, lo que no se encuentre en ella es muy probable que directamente no exista.

Abordándola desde Central Park será difícil resistirse a franquear el inmenso cubo de vidrio a la entrada de Apple Store, abierta las 24 horas para que los geeks de la marca de la manzanita puedan acudir a probar sus últimos gadgets tecnológicos sin preocuparse de la hora. Para juguetes pero de los de toda la vida, las tres plantas de la vecina FAO Schwarz vienen a ser como el paraíso imaginado por un niño: desde peluches del tamaño de su padre hasta un taller en el que diseñar sus propios juguetes. Poco más allá del escaparate de Tiffany’s –ante el que hacerse la foto de rigor al más puro estilo Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes–, una cola que dobla la esquina impide pasar por alto el buque insignia de Abercrombie & Fitch. Es incuestionable la calidad y los precios asumibles de esta firma de ropa desenfadada que es para sus incondicionales un estilo de vida. Sin embargo, lo que atrae a muchos hasta este rompedor local de luces tenues, música disco y persianas siempre bajadas es la monumentalidad de sus dependientes: modelos –tanto ellas como ellos– que a menudo deambulan sin camisa exhibiendo unos abdominales bien forjados y a prueba de bala.

Todos los gurús de las tendencias andan cerca: Vuitton, Gucci, Ferragamo, Cartier, Bulgari, Escada y demás miembros de la familia del lujo, compitiendo cada temporada por sorprender con un escaparate más glamouroso que el vecino, especialmente en Navidad, cuando pasearse ante sus vitrinas se convierte en todo un espectáculo. Ahora bien, en esta vibrante tira de asfalto que oficia como línea divisoria entre el Este y el Oeste de Manhattan también se han hecho hueco desde H&M y Zara hasta la baratísima Gap, en la que muchos de los que vienen a Nueva York expresamente a comprar equipan de arriba abajo a toda la familia. No hay mejor prueba de que la Quinta es de todos y no es de nadie. En este templo al consumo lo mismo puede verse a una emperifollada ricachona bajando de una limusina a las puertas de sus exclusivos grandes almacenes históricos de Bergdorf Goodman, Lord&Taylor y Saks Fifth Avenue que a la chiquillería enfilando hacia la tienda consagrada a la NBA o el World of Disney Store. Y, sobre todo, a enjambres de turistas agotados arrastrando bolsas y más bolsas de marcas más baratas aquí, como los cosméticos de MAC y Origins –ambos con tienda propia en la Quinta–, la ropa de Levi's, Calvin Klein, DKNY o Ralph Lauren, así como cualquier cámara o equipo electrónico. Si en todas las épocas del año pueden encontrarse grandes descuentos –de los que informan en publicaciones como www.topbutton.com o www.nymag.com–, en la mejor temporada de rebajas –justo después de Navidad y a comienzos del verano– las idas y venidas por sus aceras se convierten en todo un festival. Y es que en la Quinta se alzan también el Empire State Building, la Catedral de St. Patrick, el Rockefeller Center, o el Metropolitan, amén de hoteles míticos como The Pierre o rabiosamente bien ubicados como el Península, desde cuya terraza del ático se puede admirar el anochecer ante la nervadura de destellos urbanos que titilan a su alrededor con un cóctel Fifth Avenue Sunset en la mano o, mejor aún, con un dry martini. Sí, todo es también en la Quinta, pero como diría cierto personaje de Billy Wilder, “esa es ya otra historia”.

www.nycgo.com/shopping

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