Albarracín, la ciudad inconquistable

La localidad turolense de Albarracín es el escenario de “La Ciudad” (Ediciones B), la segunda entrega de la trilogía medieval del escritor e historiador Luis Zueco, tras la exitosa novela “El Castillo”. El autor comparte con VIAJAR los atractivos y los secretos de este pueblo de leyenda.

Luis Zueco
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Foto: Prisma Bildagentur AG / ALAMY

Albarracín es una localidad amurallada de poco más de mil habitantes, que encabeza la mayoría de las listas de los pueblos más bonitos de España y nunca falta en las que recogen los mejores de toda Europa. Este enclave turolense conserva toda su esencia medieval, toda su autenticidad. Con sus calles estrechas y empinadas; sus casas que se cierran a medida que ganan altura, con disposiciones a veces imposibles; sus interminables murallas que ascienden y bajan por los cerros que rodean la población; su espléndida catedral; su alcazaba musulmana; sus iglesias y ermitas, y sus castillos. Albarracín y su entorno fueron, durante el período andalusí, un pequeño reino de taifas. Su nombre proviene del linaje que la gobernaba, al-Banu Razin, la ciudad de los hijos de Razín. De esta fascinante etapa se conservan dos importantes testimonios: la torre del Andador, en lo más alto de la población, y la antigua alcazaba de los Banu Razin.

La taifa pasó por cesión a una familia cristiana de Navarra, los Azagra, que mantuvieron la independencia del Señorío de Albarracín frente a los poderosos reinos de Castilla y de Aragón hasta finales del siglo XIII. Toda una peculiaridad dentro de la historia medieval española. Albarracín se aprovechó siempre de su inexpugnable situación, encaramada a una mole de roca modelada por el río. Una población indómita, independiente y desafiante, donde el tiempo decidió detenerse, quizá abrumado por su belleza. A las defensas naturales, Albarracín sumó su impresionante complejo defensivo para resistir asedios y ataques, y hoy en día todo ello es todavía posible de admirar cuando la visitamos.

Ainara Garcia / ALAMY

También es una antigua sede episcopal

La catedral de El Salvador se construyó entre 1572 y 1600 sobre un templo anterior románico y mudéjar. El acceso principal a la catedral se realiza por la puerta del claustro, a través de una pronunciada escalinata. Su interior se estructura mediante una nave única con capillas entre contrafuertes y un coro a los pies. Cubierta con una bóveda de crucería, se sustenta por pilastras y cornisas de estilo barroco, que forman parte de la reforma que se llevó a cabo a comienzos del siglo XVIII. La catedral cuenta con una torre campanario en sillería y en el interior destaca el retablo mayor, dedicado a la Transfiguración y Resurrección de Cristo, y el retablo dedicado a San Pedro. Desde el claustro se accede al Palacio Episcopal, que en la actualidad alberga el Museo Diocesano, que conserva una importante colección de tapices y orfebrería.

Patrimonio, historia y naturaleza

Hay mucho que ver en Albarracín. De sus casas, la más célebre es la de la Julianeta, hoy residencia de artistas. O la Casa de los Navarro de Arzuriaga, con una singular leyenda. Sin olvidar que la mayoría de las casas en Albarracín destacan por sus escudos heráldicos, sus rejas, sus aleros y, especialmente, sus llamadores. Más allá de su historia, la clave del éxito de Albarracín es que en la necesidad de restaurar su patrimonio han encontrado la manera de realizar una intensa proyección cultural, encabezada y dirigida por la Fundación Santa María de Albarracín. Otra de las singularidades de esta preciosa localidad es el característico yeso rojizo con el que se han levantado sus edificios. Es una auténtica maravilla perderse caminando por sus callejuelas, pasar bajo sus arcos, disfrutar de las vistas de la muralla, la alcazaba musulmana, el claustro de la catedral, la iglesia de Santa María o la iglesia de Santiago.

Con numerosos reconocimientos oficiales, entre los que destacan el Europa Nostra, Albarracín es Monumento Nacional desde junio de 1961 y en 1996 recibió la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. No solo patrimonio e historia encontraremos en Albarracín, ya que se halla envuelto por la generosa naturaleza de la Sierra de Albarracín, una de las zonas más elevadas del Sistema Ibérico. El río Guadalaviar, los Montes Universales, numerosos recorridos señalizados de senderismo y rutas de BTT que serpentean entre bosques de pinos, sabinas, arces y robles completan un destino espectacular.

Río Guadalaviar. | ISTOCK

La leyenda de Doña Ana

En la parte más al sur de Albarracín se levanta un torreón que vigila ese flanco y al que se le conoce como la “Torre de Doña Blanca”. Doña Blanca era la hermana menor de uno de los reyes de la Corona de Aragón. Era una princesa de extraordinaria belleza. Tanto, que la esposa de su hermano, el heredero a la Corona, estaba celosa de ella, puesto que todos los ojos se posaban en la joven princesa. Cuando su hermano subió al trono, Doña Blanca permaneció en la corte junto a su madre, pero la nueva reina no iba a permitir su presencia. Algunos de los grandes nobles aragoneses le aconsejaron que huyera a Castilla, camino del reino vecino. La joven y su corte hicieron una parada en la villa de Albarracín, señorío de la familia Azagra. Las gentes la recibieron con entusiasmo y ella se aposentó en la torre más al sur. Trascurridos unos días, los habitantes esperaban impacientes volver a ver a la princesa en su marcha hacia Castilla. Mas el tiempo pasó y la comitiva regresó a Aragón, pero sin Doña Blanca. Los habitantes de Albarracín creyeron que algo terrible le habría sucedido y habría muerto, y que había sido enterrada en una de las torres de la muralla. Pero nadie supo qué sucedió en realidad, pues los Azagra nunca revelaron el secreto. Dicen que Doña Blanca murió de melancolía, presa en el interior de la torre. Cuentan los habitantes de Albarracín que todas las noches de Luna llena durante el verano, cuando las campanas de la iglesia de Santa María tocan a medianoche, se puede ver la figura de una mujer que baja a bañarse al río Guadalaviar. Es el espíritu de Doña Blanca, que vaga errante de pena por la ciudad que la vio morir.

Museo de máquinas de asedio

Trebuchet Park es el mayor parque de máquinas de asedio de Europa. Cuenta con una exposición de reproducciones de máquinas de asedio que contiene piezas que datan desde el siglo IX antes de Cristo al siglo XV y que abarcan un amplio abanico de culturas: desde la cultura neoasiria hasta Grecia, China, Roma y la Edad Media. Se ubica fuera de la población, a unos 3 kilómetros de Albarracín.

Hotel La Casa del Tío Americano   | Hotel La Casa del Tío Americano

Comer y dormir

Restaurante La Taba
Travesía de la Catedral, 9
Con una cocina que busca la convivencia entre lo tradicional y las últimas tendencias gastronómicas, con productos de calidad del territorio.

Restaurante El Buen Yantar
Junto a la Plaza Mayor
Se ha convertido, en su corta trayectoria, en una apuesta segura para todos aquellos que visitan Albarracín. Un restaurante con encanto, acogedor y muy tranquilo, donde se puede degustar la comida de siempre, con la base de productos naturales de la región: ternasco de Aragón, jamón de Teruel y queso de la zona.

Bar El Molino del Gato
Ubicado en un antiguo molino del siglo XVI. Es un bar muy singular que ofrece un ambiente ideal para charlar o tomar una copa.

La Casona del Ajimez
Calle San Juan
Dispone de seis habitaciones que rememoran las tres culturas que convivieron en Albarracín. Cuidado en los detalles y excelente servicio son sus características.

Hotel La Casa del Tío Americano
Situada extramuros de la cuidad, en el barrio de los Palacios, sus terrazas proporcionan una extraordinaria panorámica de la localidad. En su restauración se han utilizado los materiales tradicionales, respetando volúmenes y distribución. Dispone de seis habitaciones con mucho encanto y preciosas vistas.