10 / 12 / 2008 Luis Uribarri, Rafael de Rojas y Juan José Martín

Las playas de agua cristalina de las islas Seychelles

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Formado por 115 islas de coral en las que caben todos los matices de azul y verde del cielo, el agua y la tierra, el archipiélago de las Seychelles es todo lo que promete: hogar de tesoros piratas, tortugas gigantes, cocoteros de postal e inabarcables atolones.

Para los adoradores de los matices del azul y el verde, las 115 islas de coral de Seychelles son la auténtica tierra sagrada. Toparse con las aguas cristalinas de las playas de La Digue –con sus inusuales formaciones graníticas de la costa de Anse Source d’Argent, como de cartón piedra– supera cualquier sueño húmedo-salino. Pasear bajo la bóveda de palmeras del Valle de Mai, en Praslin, o inundarse del omnipresente verde de la isla de Mahé nos recuerda que no estamos en un set de anuncio de bronceadores sino en un archipiélago donde la naturaleza ha impuesto siempre su pausado ritmo.

Es el paso que adoptan los más de 80.000 habitantes de estos 455 kilómetros insulares. Hablan inglés y francés, pasaportes lingüísticos imprescindibles en una esquinita del paraíso en la que se vive del turismo más exclusivo. Pero también han creado su criollo seselwa, menos rígido, más suyo, donde el "bonjour" que llena la boca de los franceses se convierte aquí en un suave "bonzour". Son católicos devotos, pero mantienen en la recámara atávica su creencia en los espíritus "gris gris" y en los ritos de sus curanderos, más eficaces en estas latitudes para preparar filtros de amor o maldiciones que sus colegas mitrados.

Si se viaja a las Seychelles –mejor de marzo a mayo o de septiembre a noviembre– hay que ir preparado para la laxitud playera y las búsquedas de tesoros fabulosos. Están los botines clásicos de oro y plata, como los que escondían los piratas en la isla granítica de Silhouette. Pero, sobre todo, abundan los naturales: los solitarios lugares para el buceo de las islas más apartadas, el coco de mer, el buscado y caro fruto de la palmera hembra del archipiélago, o las formaciones de coral como la de Aldabra, uno de los atolones coralinos más grandes del mundo, que es, además, el hábitat original de la tortuga gigante de tierra. Tras sus pasos llegaron a Seychelles científicos y exploradores como Jacques Cousteau, que en su documental El mundo del silencio tuvo la delicadeza de marcarnos el camino a todos los fascinados viajeros que llegaron después.

Cómo llegar
Desde España no hay vuelos directos. Air France-KLM (www.airfrance.es), en código compartido con Air Seychelles, ofrece vuelos, con escala en París, de Madrid a Mahé desde 840 € ida y vuelta (con tasas).

Dónde dormir
Banyan Tree Seychelles
www.banyantree.com
Situado en la espectacular bahía de Intendance, consta de 63 lujosas villas, perfectamente integradas en su entorno. Algunas disponen de piscina privada y jacuzzi al aire libre.

L’Archipel
www.larchipel.com
Este hotel, en Praslin, situado entre flores exóticas y cocoteros, dispone de 30 habitaciones –todas con terraza– decoradas con estilo colonial.

La Digue Island Lodge
www.seychelles.net/lilodge
Uno de los establecimientos más conocidos de la isla. Nueve de sus 60 habitaciones se hallan en una antigua casa colonial construida en 1900.

Gastronomía
La base de su cocina es el pescado y el marsico, aunque también son tradicionales los platos de carne muy aromatizados con especias del país.

Qué hacer
Uno de los mayores atractivos de este archipiélago es el submarinismo, ya que está considerado como uno de los diez mejores lugares del planeta para la práctica de este deporte.

Más información
 www.seychelles.com

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