7 parajes de bandoleros por Sierra Morena

Cuenta la leyenda que viajar entre Castilla y Andalucía era una auténtica aventura, lo contaban las crónicas de la época, y hasta Goya lo plasmó en sus cuadros. Paseamos por tierra de bandoleros, cuyos atracos cambiaron la historia de Sierra Morena.

Irene González
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Foto: www.andalucia.org

Dicen que fueron los romanos los primeros en llamar morena a esta sierra, y no puede existir mejor nombre para denominar a unas montañas que dividían la plana meseta manchega,  de las cálidas tierras andaluzas. Recorremos 7 parajes de extremada belleza, y que en tiempos, casi fueron un protectorado de míticos bandidos. Sierra Morena es una inmensa barrera natural entre Andalucía y la meseta castellana, y por su abrupto relieve, y difícil comunicación,  fue refugio de legendarios bandidos. Estos salteadores, a base de trabuco, tenían amedrentados a los valientes que se atrevían a atravesar Sierra Morena.

Para acabar con los forajidos de Sierra Morena, Carlos III promovió el proyecto de Nuevas Poblaciones de Andalucía y Sierra Morena, con el objetivo de acabar con la inseguridad del imponente Despeñaperros. La idea fue colonizar estas tierras abandonadas para disuadir a los bandoleros. Así nacieron municipios nuevos creados con los 6.000 colonos que llegaron desde Alemania, Austria, Francia, Italia, e incluso, Grecia. El premio para aquellos valientes, de los que todavía se conservan apellidos, fueron 326 reales, un lote de tierras, y no pagar tributos durante diez años. Además, las difíciles comunicaciones por el desfiladero de Despeñaperros, la convirtió en una zona de gran valor estratégico. Por ello, en Despeñaperros se vivieron encarnizadas batallas a lo largo de la historia, desde las famosas contra los musulmanes, hasta las contiendas con Napoleón.

El agitado pasado de Despeñaperros, y su inconmensurable naturaleza y belleza paisajística, han conformado el perfil de esta magnífica frontera natural. Por aquí camparon, entre otros, José María El Tempranillo, uno de los más míticos fustigadores de la burguesía de la época.

El emblemático Parque Natural de Despeñaperros

Es uno de los parques naturales más pequeños de nuestra geografía, pero uno de los más emblemáticos por su patrimonio geológico, natural e histórico. El río Despeñaperros ha erosionado las rocas durante siglos, y ha formado paisajes increíbles como Los Órganos, magníficas cuarcitas que parecen gigantescos tubos. Por su valiosa ubicación, esta tierra fue poblada desde la Prehistoria por todas las culturas. Entre ellas, la íbera, que hacía ofrendas en forma de estatuillas de bronce, conocidas como muñecos por los lugareños. Estos votos se realizaban en lugares considerados sagrados, como el Santuario del Collado de los Jardines, donde está la Cueva de los Muñecos, y donde al parecer tenía su guarida José María El Tempranillo. Este parque es un refugio de ciervos y jabalíes, que comparten hábitat con majestuosas águilas imperiales y buitres leonados.

Entre Santa Elena, Las Navas de Tolosa, La Carolina y Baños de la Encina.

Desde Santa Elena, la puerta de Andalucía, parten excursiones por parajes naturales como La Aliseda. Muy cerca está Aldeaquemada, famosa por la cascada de la Cimbarra. En Las Navas, que nació junto a la Venta Linares, hay que visitar los restos de la alcazaba musulmana y por supuesto, su Museo dedicado a la gran batalla. En La Carolina es imprescindible pasear por sus calles y plazas, porque son un bello ejemplo de arquitectura colonial. El Palacio de Olavide, la iglesia de la Inmaculada, o la ermita de San Juan de la Cruz, merecen una visita. Baños de la Encina es uno de los pueblos más bellos de la provincia de Jaén. Conserva intacto la estética de sus calles medievales, con un soberbio castillo.

De Bailen a Andújar.

Conocida por su famosa batalla que derrotó a Napoleón, hay que visitar su Centro de Interpretación. Pero además es imprescindible un paseo entre sus iglesias y Palacios. Muy cerca está Baños de la Encina con su gran castillo y su santuario. Y hacia el sur, Andújar, que a los pies de Sierra Morena, mezcla con gran atractivo su sierra con su tradición olivarera. Entre sus señoriales casas se alzan las iglesias de Santa María y San Bartolomé. El Palacio de Cárdenas, el torreón de la Fuente Sorda, y la Torre de Tavira, son imprescindibles.