6 claves para enamorarse de La Siberia Extremeña en otoño

Entre robles, encinas, brezo y jara, recorremos la pacense Siberia Extremeña. Esta gran dehesa virgen, abundante y bravía ha permanecido intacta desde tiempos remotos, por lo que ha conservado su generosa y desconocida naturaleza.

Irene González
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Foto: Irene González

Recorremos una auténtica joya medioambiental que, hasta hace poco tiempo, estuvo aislada del mundo. No en vano, la Comarca de La Siberia es candidata a ser Reserva de la Biosfera, por su exuberante reserva natural. A través de ellos exploramos este desconocido vergel al este de Badajoz, un tesoro por descubrir, donde se puede disfrutar de la más auténtica berrea.

La Comarca de la Siberia posee la mayor variedad de ecosistemas y magníficos espacios naturales enriquecidos por las aguas de sus cinco grandes embalses. Es una tierra de montes, de sierras, de dehesas, de humedales, de pastos, de lagos, de manantiales y de llanos que goza de una rica Reserva Natural con una de las poblaciones de fauna más importantes de nuestro país. Esta gran desconocida, que posee el mayor número de kilómetros de costa interior de nuestro país, guarda paisajes vírgenes de una belleza increíble.

Al noreste de Badajoz se encuentra  territorio de gente hospitalaria y acogedora, con un fecundo ecosistema. La Siberia fusiona bosques, dehesas, humedales, extensiones de regadío, áreas esteparias y cinturones rocosos. Es una tierra fértil en la que predomina el agua y donde sus cinco grandes pantanos han contribuido a que sea el hábitat natural para cientos de especies. Por ella campan las preciadas ovejas merinas que, alimentadas con flores, bellotas y pastos, son auténticas pata negra.

Nos adentramos en la gran desconocida de Extremadura, donde el Guadiana y el Zújar riegan estas espléndidas tierras, y enlazan cinco grandes embalses que suman cientos de kilómetros de costa dulce. En tiempos lejanos, esta comarca extremeña fue un enclave de prioratos y encomiendas señoriales, donde la hidalguía labradora edificó casonas solariegas de las que perduran bellas fachadas y portadas. Pero las guerras de sucesión del reino de Portugal y las malas cosechas, acabaron con la prosperidad. Hoy, es un vergel por descubrir en otoño, donde los colores de su vegetación harían palidecer a los maestros en el arte de la pintura.