20 planes inolvidables en Ciudad del Cabo

Ciudad del Cabo es una de esas urbes a las que apetecería irse a vivir. Su ubicación entre el océano y la Montaña de la Mesa la vuelve irresistible, por no hablar del ambiente cosmopolita de sus restaurantes, locales de copas y playas. Le proponemos 20 planes para enamorarse de ella y de su provincia: desde avistar pingüinos, ballenas o tiburones hasta recorrer una zona de viñedos que no parece de este continente. Y si piensa asistir al Mundial de Fútbol de Suráfrica este verano, resérvele unos días.

Elena del Amo
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Foto: Luis Davilla

Todo el que la conoce, repite, o por lo menos se queda con las ganas. Naturaleza en mayúsculas es lo que aguarda en Ciudad del Cabo, y también mucho glamour. Los surafricanos pudientes que pueden elegir dónde vivir, la eligen a ella. Además, su bendito clima, la espectacularidad de sus paisajes y sus buenos precios hacen que por aquí se rueden cada año infinidad de películas, anuncios y producciones de moda, contribuyendo a darle a esta niña mimada de África un aire cosmpolita del que no pueden presumir tantas ciudades del mundo.

Ciudad del Cabo tiene una de las ubicaciones más redondas del planeta, encajonada entre el océano y los perfiles rasos de la Montaña de la Mesa, desde cuyas alturas llega a avistarse en los días despejados toda la Península del Cabo. Sin salir prácticamente de ésta, en un mismo día pueden verse las colonias de focas de Duiker Island y las de pingüinos de Boulders Beach, llegarse hasta la última esquina del Cabo de Buena Esperanza o hacer una degustación en las aristocráticas bodegas que erigieron los holandeses en el siglo XVIII entre unos paisajes de viñedos tan inmaculados que parece inconcebible que también esto sea África.

Tres o cuatro días en un coche de alquiler sería lo mínimo para sacarle el jugo a su provincia, aunque por la noche conviene regresar a la ciudad para vivir su ambiente, sus restaurantes y locales tremendamente chic en los que resulta fácil jugar a ser rico, porque por muy cool que sea el lugar rara vez la factura será de esas que le indigestan a uno la cena. Además, aunque es cierto que los que frecuentan estos locales siguen siendo en su mayoría blancos, también hay negros entre los comensales; algo impensable hace apenas veinte años, cuando todavía el país vivía bajo el apartheid.

Junto con Johannesburgo, Port Elizabeth y Durban, Ciudad del Cabo se convertirá en una de las sedes principales del Campeonato del Mundo de Fútbol del próximo junio, que por primera vez en la historia se celebra en territorio africano. A quienes las traídas y llevadas cuestiones de seguridad les estén haciendo plantearse no asistir pudiendo hacerlo, quizá les ayude a decidirse ir a ver Invictus, la última película de Clint Eastwood, protagonizada por el actor Morgan Freeman en la piel de un Mandela empeñado en unir a blancos y negros valiéndose de la Copa Mundial de Rugby que Suráfrica albergó en 1995. Tras verla, es difícil no coincidir en que este país se merece la oportunidad de demostrarle al mundo, también a través del deporte rey, que la Nación del Arco Iris que soñó el gran líder africano es, con sus sinsabores y sus retos pendientes, una realidad posible. Le proponemos 20 planes irresistibles para exprimir los días en El Cabo:

1 Caminar entre los pingüinos de Boulders

Después de doblar el Cabo de Buena Esperanza pr la costa que da a False Bay (la "bahía equivocada" que solía confundir a los marinos), la playa de Boulders es morada de una peculiar colonia de pingüinos africanos que pueden admirarse desde muy cerca paseando por la arena. Inmediatamente aparece el puerto de Simon''s Town y sus coquetas casas victorianas, con barandillas como de encaje, para proseguir hacia la familiar playa de Fischhoek, el pueblito de pescadores de Kalk Bay o el más desarrollado cogollo playero de Muizenberg, no lejos ya de los viñedos de Constantia.

2 La imprescindible ruta de los viñedos surafricanos

Ya en el siglo XVII los holandeses comenzaron a hacer vino en Ciudad del Cabo para surtir a los barcos que, rumbo a Asia, doblaban el Cabo de Buena Esperanza. El vino no se estropeaba en aquellas largas travesías y ayudaba a prevenir el escorbuto entre la marinería, pero el producto era más bien imbebible. Menos mal que, poco después, llegaron hasta allí hugonotes franceses huyendo de los católicos, y entonces se empezó a hacer buen vino en Suráfrica. El país atesora hoy una saneada producción de caldos de calidad a precios excelentes, y los viajeros no deberían dejar de dedicar al menos un día a pasearse por sus preciosas bodegas instaladas en antiquísimos caserones de estilo holandés, probando, por supuesto, sus vinos.

Al igual que hacen tantos capetonians los fines de semana, se puede poner rumbo a localidades esenciales como Stellenbosch, Franschhoek, Constantia o Paarl -todas ellas situadas a tiro de piedra de Ciudad del Cabo- y localizar algunas bodegas en las que pasar una jornada agradable de degustación en degustación. Las hay tan aristocráticas como Lanzerac o Boschendal, en la que por sólo 15 rands (un euro y medio) se pueden probar cinco vinos en su deliciosa terraza; de diseño como Tokara, a través de cuyos ventanales se contemplan unas espectaculares vistas de los viñedos y olivos que salpican esta propiedad; tan provocadoras como Fairview, o tan emblemáticas como Klein Constantia y Groot Constantia, dos de las más antiguas.

3 Navegar entre las focas de Duiker Island

Desde el pequeño puerto de Hout Bay salen barquitos para hacer unos minicruceros hasta estos islotes, por los que retozan grandes colonias de focas del Cabo, sobrevoladas por aves marinas.

4 Subir en el teleférico hasta Table Mountain

El teleférico que asciende desde Ciudad del Cabo hasta la cima de Table Mountain o Montaña de la Mesa ya despacha vistas asombrosas, pero una vez arriba la panorámica de 360 grados sobre la ciudad y su Península es sobrecogedora. En lo alto, un puñado de miradores y rutas senderistas. Los más deportistas pueden animarse a subir a pie.

5 Alcanzar el Cabo de Buena Esperanza

A 65 kilómetros al sur de Ciudad del Cabo se llega al Cabo de Buena Esperanza: un hito para los marineros antes de que la apertura del Canal de Suez permitiera ahorrarse la circunnavegación del continente africano para dirigirse hacia los mercados de Asia. Antes que Vasco de Gama, el también portugués Bartolomeu Dias fue el primero en doblarlo, nombrándolo "Cabo de las Tormentas", aunque el rey João II cambió su nombre por el actual, quizá para sacar el miedo del cuerpo a los marinos y poder programar más expediciones en busca de las ricas especias asiáticas. Durante mucho tiempo se creyó que era en este vértice donde se juntaban los océanos Atlántico e Índico, aunque al parecer no son ellos, sino sus corrientes, las que se encuentran en este punto, siendo el Cabo de Agujas donde se fundirían ambos océanos. A pesar de ello, aquí está el restaurante Two Oceans, y hay quien afirma apreciar la diferencia de color de los dos mares, aunque otros aseguran que sería más fácil avistar al barco fantasma Holandés Errante, el más famoso de los muchos que se habrían tragado estas peligrosísimas aguas. Esta punta, con sus imponentes acantilados barridos por el viento, queda encerrada en un parque nacional por el que se pueden emprender rutas senderistas. Quienes prefieran no caminar, pueden tomar un tren cremallera para disfrutar de las mejores panorámicas en lo más alto de Cape Point.

6 Descubrir las mansiones victorianas del centro

Lo más interesante del cogollo de Ciudad del Cabo se puede recorrer a pie. El Castillo de Buena Esperanza puede ser un buen punto de partida. Si no está interesado en la visita guiada por esta fortaleza holandesa, mejor centrarse en las inmediaciones de la plaza de Green Market, con mucha vida, edificios nobles como el Old Town House y casas victorianas de madera por calles próximas como Long Street. Cerca de ella, la vía principal de Adderley Street, con su antigua iglesia de Groote Kerk y el Museo de Cultura e Historia. Y al lado, los jardines con las Casas del Parlamento y la Catedral de St. George.

7 Un encuentro exótico con los "malayos" de Ciudad del Cabo

Muy cerca del centro, en el barrio de Bo-Kaap, viven los descendientes de los esclavos y artesanos traídos por los holandeses desde Indonesia y Sri Lanka más que de Malasia, a pesar del nombre. Muchos son musulmanes, por lo que la llamada a la oración desde las mezquitas, o las mujeres en ocasiones con velo charlando con las vecinas a la puerta de sus casas de colores, añaden un toque de exotismo a esta multiétnica ciudad. Imprescindible, además, probar la especiada y exquisita cocina Cape Malay, con samosas, denningvleis de cordero, boboties, sosaties, breyanis...

8 El símbolo de la prisión de Nelson Mandela

Todo un icono de lo que fue la segregación racial en Suráfrica, pero también de la reconciliación entre las razas y de la esperanza en el ser humano. A media hora en ferry desde el VA Waterfront, en Robben Island se visita la prisión en la que, desde los años 60, fueron encerrados activistas políticos como el propio Nelson Mandela, que pasó allí 18 de los 27 años que vivió en cautiverio. Tras el fin del apartheid, la cárcel fue clausurada y abierta al público, con recorridos guiados en ocasiones por antiguos reclusos. Hoy es Patrimonio de la Humanidad como un "triunfo del espíritu humano".

9 Darse al "regateo" en el Pan African Market

Tres plantas que están a rebosar de artesanía no sólo de Suráfrica sino de todo el continente africano. Situado en plena Long Street, es el lugar perfecto para hacerse con los mejores regalos.

10 Degustar un "té de las cinco" al viejo estilo

Corroborado por el propio Nelson Mandela: el "afternoon tea" o "té de las cinco" puede considerarse uno de los mejores inventos que los británicos han aportado a la buena vida. Nada para sentir los contrastes de Ciudad del Cabo como terminar los regateos en el Pan African Market y poner rumbo a alguno de los hoteles de lujo más emblemáticos de la villa, como, por ejemplo, el Table Bay, en cuyo lounge es posible codearse con lo más rancio de la ciudad mientras se disfrutan sus deliciosos scones recién horneados, sus primorosos sándwiches y su inconfundible regusto a épocas pasadas.

11 Comprar la mejor selección de música surafricana

La música surafricana no necesita de grandes presentaciones. Una buena selección de clásicos del país como la cantante Miriam Makeba, el pianista de jazz Abdullah Ibrahim, el trompetista Hugh Masekela e infinidad de grupos vocales como los Coros de Soweto pueden encontrarse sin problemas en tiendas especializadas como el Música Mega Store del Waterfront.

12 Al volante por la asombrosa Chapman''s Ride Drive

Un asombroso tramo de carretera que, entre el océano y las montañas, va cobrando altura al dejar atrás Hout Bay rumbo al interior de la Península del Cabo y el Parque Nacional de Table Mountain, que la flanquea. Los miradores que encontramos recorriendo esta ruta nos van despachando vistas impactantes sobre los acantilados y el anchísimo arenal virgen de Long Beach, de 7 kilómetros, y el todavía más blanco y solitario de White Beach.

13 Una visita guiada por los inmensos "townships"

A pesar del glamour que envuelve las zonas ricas de Ciudad del Cabo y de los nuevos barrios, gran parte de su población negra sigue viviendo en townships o inmensas barriadas de chabolas como Langa, Nyanga, Khayelitsha y Gugulethu. No conviene adentrarse en solitario por ellas, aunque existen tours guiados -como los de www.luhambotours.com- para conocer su realidad, e incluso bedbreakfast en los que hacer noche y asomarse a esa otra cara de la urbe, donde hay mucha pobreza, pero también restaurantes, jazz, escuelas o proyectos comunitarios que trabajan por conseguir un futuro mejor. La cara sincera de Ciudad del Cabo.

14 Admirar los tiburones en el Two Oceans Aquarium

No es lo mismo que verlos en su salsa en las expediciones en barco que se organizan desde Gansbaai, pero asistir al momento en el que alimentan a los tiburones del tanque IJ Predator no deja de tener su gracia. Incluso es posible bucear un rato con ellos si se tiene la titulación básica.

15 De marcha por los locales de la céntrica Long Street

Hay infinidad de locales de copas por toda la ciudad, pero ninguna calle concentra tal cantidad de cafés, pubs y discotecas como Long Street, una arteria que es preciosa de día por sus edificios victorianos y que constituye todo un epicentro de la noche del Cabo.

16 De la "milla rosa" a las playas "chic" de la Península

Desde la Pink Mile -la zona gay por excelencia-, la salida de Ciudad del Cabo rumbo a la Península es todo un espectáculo. Sin perder de vista el mar, enseguida aparece Sea Point, entre cuyas avenidas de palmeras y apartamentos de nivel la gente guapa hace footing y pasea a sus perros. Siguiendo por la llamada Riviera del Cabo, entre el océano y las faldas del monte Lion''s Head, empiezan a asomar las mansiones de Bantry Bay y las que lindan con las playitas chic de Clifton. En Maiden''s Cove, un mirador se alza sobre la preciosa playa de Camps Bay, entre los picachos de la montaña de los Doce Apóstoles, los arenales y las mansiones que algunos potentados han levantado por este rincón de África que llega hasta más allá de Llandudno y Sandy Beach, la única playa oficialmente nudista de todo el país.

17 Una mariscada (o lo que se tercie) en el Waterfront

El muelle de VA Waterfront es uno de los lugares más concurridos de Ciudad del Cabo; un vaivén de ferrys y cruceros panorámicos, de artistas callejeros y de público copando sus restaurantes, terrazas, tiendas y locales de copas. Allí está el Baia, para muchos el mejor restaurante de pescado y marisco de la ciudad, aunque nada prohibitivo al cambio.

18 Apreciar la rareza del "fynbos"

El "fynbos" o "fine bush" de la provincia del Cabo es el reino floral más pequeño del mundo, pero, en proporción a su tamaño, el más rico. Se extiende por casi 6.000 kilómetros cuadrados, pero atesora cerca del 20 por ciento de la variedad de flora del continente. Para los expertos en botánica representa un absoluto tesoro de rarezas y endemismos. Tanto es así que está protegido como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Esta riqueza única se puede apreciar en los senderos del Cabo de Buena Esperanza, en las excursiones por lo alto de la Montaña de la Mesa o en los jardines del Kirstenbosch National Botanical Garden.

19 Avistar las ballenas francas australes desde tierra

De mayo a diciembre -aunque sobre todo entre los meses de agosto y octubre-, las ballenas francas australes llegadas del Antártico eligen la bahía de la villa de Hermanus, a dos horas de Ciudad del Cabo, para buscar pareja y parir a sus crías. A veces se acercan tanto a la costa que pueden hacerse avistamientos desde los roquedos que cercan el pueblo.

20 Salir al encuentro del "Gran Blanco"

Cada año en las aguas surafricanas aparece alguno de estos "devoradores de hombres" cerca de una playa. Pero para un encuentro voluntario, nada como las expediciones que salen desde Gansbaai, la capital del Gran Blanco, a 160 kilómetros de Ciudad del Cabo. Aunque pueden verse todo el año, el encuentro con el predador más temido del océano está asegurado entre los meses de mayo y agosto. Los que no se conformen con avistarlos desde cubierta pueden sumergirse en su compañía protegidos dentro de una jaula. Varias empresas, como Shark Lady, proponen la excursión. Eso sí, bañarse en la playa jamás volverá a ser lo mismo.

El primer Mundial de Fútbol en África

Con los partidos Suráfrica-México y Uruguay-Francia que se disputarán, respectivamente, en el renovado estadio de Soccer City de Johannesburgo y en el flamante Green Point de Ciudad del Cabo, el 11 de junio arrancará la gran fiesta del fútbol. En el torneo se enfrentarán 32 selecciones en una decena de sedes. Es la primera vez que el Mundial de Fútbol se desarrolla en el continente africano, y la elección de Suráfrica, un país salido de los horrores del apartheid a principios de los 90, es particularmente emotiva, amén de una oportunidad única de demostrarle al mundo que las cosas están cambiando en la "Nación del Arco Iris" que soñó Mandela. La seguridad del casi medio millón de extranjeros que se espera acudan al Mundial ha sido uno de los principales desafíos de la organización, aunque, como defendía a principios de año el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, "podemos mejorar la historia en África con el evento más grande del mundo". A través de la web de la FIFA se pueden adquirir las entradas para presenciar los partidos del campeonato, al margen de las que se incluyan dentro de los paquetes de los touroperadores, que se pueden adquirir en cualquier agencia de viajes.

Terrazas y clubes de jazz para salir de marcha por el Cabo

Los vampiros lo tienen fácil en Ciudad del Cabo, dueña y señora de una vida nocturna de primera. Para reposar una buena cena entre la gente guapa de la ciudad, la terraza a orillas del agua del Bascule Whisky, Wine Cocktail Bar, en el Waterfront, con la mayor selección de whiskies del Hemisferio Sur. Aunque si se busca algo más movido, mejor dirigirse al Jade Lounge -el antiguo Buddah Bar- de Green Point, o al Hemisphere, en el último piso de la torre Absa. También los clubes nocturnos, como The Fez, por Greenmarket Square, se suman por decenas, y hasta locales en los que escuchar jazz en vivo como 169 On Long, en exactamente la misma dirección de su nombre, o el clásico Green Dolphin del Waterfront. Ambiente festivo junto al mar, en el beach bar de La Med, en la exclusiva zona de Clifton, que está a rebosar en verano.