Vive la pasión
Pasión, arte y emoción. Pocas veces estas palabras cobran tanto sentido juntas. La Semana Santa de Andalucía, que se celebra con cientos de procesiones por todos sus pueblos y ciudades, es una de las más hondas expresiones religiosas y culturales de nuestro país.
Hay algo, no obstante, que las hermana. En 2006 el Gobierno andaluz declaró de forma general la Semana Santa de Andalucía como Fiesta de Interés Turístico. Con aquella declaración trató de demostrar dos cosas: por un lado, que Andalucía celebra una Semana de Pasión con unas características únicas imposibles de hallar de Despeñaperros hacia arriba; y por otro, que representan uno de los atractivos más valorados para los turistas que cada año visitan sus tierras.
La estética barroca
Procesiones en Andalucía se celebran desde poco tiempo después de la conquista cristiana sobre Al-Andalus. Pero será a partir de la época del barroco cuando esta manifestación religiosa cobre toda su fuerza.

La primera tuvo como principal valedor a Juan Martínez Montañés, considerado el mayor y más sobresaliente escultor e imaginero de todos los tiempos. Sus imágenes estaban dotadas de una extraordinaria viveza, de un aplastante realismo y de unos emocionados gestos que conmovían al devoto ante el sufrimiento y el dolor de Cristo en la Cruz. Sus vírgenes dolorosas estaban imbuidas de descarnada tristeza, y de sus ojos nacían lágrimas que el imaginero creaba con gotas derretidas de cristal. Frente al realismo desaforado y ardiente de la escuela de Sevilla, Granada mostró, con imagineros como Alonso Cano o José de Mora, que el sufrimiento puede exteriorizarse de modo más contenido y adusto, más sereno y desalterado. Aquellas dos corrientes artísticas condicionaron el trabajo de los imagineros y el modo de representar los últimos días de la vida de Cristo y de aquellos que lo acompañaron a la Crucifixión.
Por aquellos años, Andalucía exportó la estética y la liturgia de su Semana de Pasión a los países hispanoamericanos. No es posible entender la Semana Santa de ciudades tan dispares como Antigua (Guatemala), Puebla (México), Quito (Ecuador) o Lima (Perú) sin conocer las celebraciones penitenciales de los pueblos y ciudades de la Baja Andalucía.
El inicio de la Cuaresma
El Miércoles de Ceniza es el día en que da comienzo la Cuaresma. Terminado el Carnaval –que en otros tiempos representaba la última oportunidad de dar rienda suelta a las pasiones humanas antes de recluirse en la abstinencia más rigurosa–, Andalucía intuye la cercanía de la Semana Santa con los primeros olores de la primavera. Son días de ensayo y preparación, y en todos sus pueblos y ciudades comienzan a sonar las melodías de las bandas de cornetas y tambores que afinan sus instrumentos ante la proximidad de sus desfiles. Son días también en que costaleros, hombres de trono y horquileros portan sobre sus espaldas y hombros los pasos y tronos en que irá bendecida la imagen. A las órdenes del capataz, estos porteadores ensayan con rigor a la caída de la noche para que paso a paso, con primoroso esmero, la imagen recorra las calles y las plazas andaluzas. Son días también en que los penitentes preparan sus túnicas y capirotes y las mujeres sus trajes de mantilla negra con la que acompañan, rosario en mano, a las vírgenes de palio.
Fiestas de Interés Turístico
Andalucía posee más de 60 fiestas de interés turístico cuyo principal argumento es la Semana Santa. Las celebraciones más famosas son las de Sevilla y Málaga. Estas dos capitales andaluzas han hecho de sus procesiones una seña de identidad reconocida internacionalmente. Sevilla es deslumbrante, fastuosa y emocionada. Y Málaga, grandiosa, espectacular y marinera. Hace siglos, ciudades como Granada y Córdoba pusieron el acento en hacer de sus pasos obras de arte. Cádiz y Huelva siguieron las pautas del barroco de la Baja Andalucía. Y Jaén y Almería convirtieron sus procesiones en un relicario de devoción popular.
Pero la Semana Santa no es sólo una celebración religiosa. Es ante todo una manifestación cultural a la que están invitados creyentes y no creyentes. La emoción de las procesiones puede ser sentida por igual por devotos y agnósticos, por capillitas –como se denomina a los amantes más acérrimos de las procesiones– o por ateos. Estos días Andalucía acogerá casi un millar de procesiones. Es tiempo de conocer uno de los símbolos más identificables del sur.
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