Semana Santa en Andalucía

Huelva

Huelva
Huelva guarda la memoria de un descubrimiento. La ciudad, flanqueada por la desembocadura de los ríos Tinto y Odiel, llevó hasta América una cultura y una religión. En las carabelas que partieron del puerto de Palos había imágenes que llegaron hasta el Nuevo Mundo. Aquellos recuerdos siguen presentes en los Lugares Colombinos que rodean la capital, en especial en el monasterio de La Rábida, donde aún sus monjes evocan la gesta del almirante genovés en el otoño de 1492. La Semana Santa capitalina alienta en sus imágenes y tronos iconografías y símbolos que recuerdan aquellos viajes.

Veintidós hermandades, cofradías y congregaciones penitenciales preparan sus desfiles entre la mañana del Domingo de Ramos y la madrugada del Viernes Santo. La Borriquilla, como en todos los pueblos y ciudades de Andalucía, indica el comienzo de la Semana de Pasión y es un pasajero momento de dicha frente al dramatismo de los siguientes días.

Huelva
Los templos de la capital onubense están abiertos desde bien temprano. Los cofrades alfombran con flores perfumadas sus pasos de misterio y palio, entre el olor a incienso y cera ardiente. Es tradición en muchas de las hermandades onubenses acicalar desde días antes las túnicas de terciopelo con bordados en hilo de oro. Faroles, banderines, insignias, objetos litúrgicos y cruces de guía acompañan el Miércoles Santo los desfiles de las vírgenes de la Victoria y la Esperanza. La madrugada del Viernes Santo, el momento más emotivo y multitudinario de la Semana Santa en Huelva, los templos abren sus puertas para ver salir los pasos de El Perdón, La Misericordia y El Nazareno. Ya por la noche, la oscuridad y el silencio toman la capital ante la salida penitencial del Santo Entierro.

Sencilla y emotiva, dirigida a un pueblo. Así es la Semana Santa en la provincia de Huelva. Las localidades costeras trasladan a sus pasos penitenciales la estética de las romerías marineras que celebran en verano. Los pueblos de interior aromatizan sus tronos con claveles y flores perfumadas de la sierra. En Niebla, en una de las localidades amuralladas más bellas de Andalucía, la Semana Santa comienza el Viernes de Dolores con el Vía Crucis alrededor de la muralla. Niños vestidos de hebreos portando palmas y ramas de olivo acompañarán dos días después la Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén. La sonrisa de aquella imagen a lomos de una borriquilla se tornará en lamento durante los siguientes días, hasta que el Viernes Santo los vecinos de Niebla porten a hombros el trono del Santo Entierro, encerrado en una artística urna de cristal.

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Ayamonte, la villa costera y fronteriza que mira al océano y a la desembocadura del río Guadiana, arrastra cinco siglos de tradición penitencial. Es uno de los municipios onubenses donde la Semana Santa cobra un especial protagonismo con los desfiles de la Buena Muerte, la Vera Cruz o Jesús Caído.

Tierra adentro, entre las rugosidades de la sierra, Aracena inicia sus desfiles el Domingo de Resurrección, pero aguarda hasta el Viernes Santo para ver en sus calles la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno. En la madrugada, Cristo es acompañado por la imagen bajo palio de Nuestra Señora de la Amargura, que parte en procesión desde el templo de Nuestra Señora de la Asunción. Horas después las calles de la localidad serrana callan ante la presencia de El Silencio, el cristo muerto acompañado por Nuestra Señora de Gracia y Esperanza.

Y además...
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Doñana es toda una tentación natural. En Almonte, donde se halla la basílica de la Virgen del Rocío, existen empresas de turismo activo que organizan visitas al interior del Parque Nacional.

A pocos kilómetros, en dirección sur, queda la localidad turística de Matalascañas. A su izquierda y en dirección a la desembocadura del río Guadalquivir se extiende una treintena de kilómetros de playas vírgenes que sólo es posible recorrer a pie, en caballo o en bicicleta de montaña.

Si terminan hastiados de tanta soledad, lo mejor será pedir asilo a la Fundación Juan Ramón Jiménez, que abre sus puertas en la pintoresca localidad de Moguer. Nada mejor que un rato en compañía de la mejor poesía. Y para terminar, una visita al monasterio de La Rábida, donde sus monjes dieron cobijo y apoyo a Cristóbal Colón antes de su partida hacia el Nuevo Mundo; y a su muelle, donde se pueden visitar las réplicas de las tres carabelas que cruzaron el Atlántico en 1492.

Imprescindible: Estos días en que la cocina da la espalda a las carnes ibéricas del norte de la provincia, pedir marisco de Punta Umbría y torrijas de postre.
Nerva acoge el Viernes Santo la salida en procesión del Cristo del Gran Poder, una imagen muy venerada en el Andévalo.