Paradores

Cruce de leyendas

Desde la Plaza Mayor hasta el castillo, el centro histórico de Zamora es una sucesión continua de templos románicos, consecuencia del esplendor vivido tiempo atrás. A orillas del Duero, la ciudad castellana es un museo al aire libre por donde caminar despacio para imaginar a nuestro lado a los personajes que por ella pasaron.
Las celebraciones de Semana Santa gozan de gran arraigo en Zamora.
79| Festivales y tradiciones.
Tres son las ferias que se desarrollan en la ciudad de Zamora coincidiendo con los actos que cada año componen el programa de las fiestas en honor a San Pedro (finales de junio).

La Feria de la Cerámica congrega a artesanos alfareros y ceramistas de la provincia y de todo el país. La Feria del Ajo es, como su nombre indica, la mejor fecha para comprarlo. En la Feria de los Productos de la Tierra se puede adquirir todo aquello que ofrecen estas tierras, ya sea gastronomía o productos artesanos. Además de rememorar sus raíces, Zamora apuesta por la cultura, tal y como se traduce en el gran número de conciertos de música clásica que, durante todo el año, se ofrecen en algunas iglesias de la ciudad.

Cada mes de marzo, la ciudad acoge el Festival Pórtico de Semana Santa, especializado en música antigua religiosa, la perteneciente al tiempo litúrgico de Cuaresma y Semana Santa, declarada, por cierto, de Interés Turístico Internacional. Junio es tiempo para el disfrute, con un Festival Flamenco y un Festival de Música a Orillas del Duero, que, en un único día aúna arte y paisaje, cultura y folclore. Tampoco hay que olvidarse del Festival Internacional de Títeres y Marionetas de Zamora, en mayo, ni de sus Jornadas Internacionales de Magia, en septiembre, ambos siempre en plena calle.

Parador de Zamora.
80| La ciudad del Románico.
Desde que hace apenas unos años Zamora fuera escogida como sede de la exposición Las Edades del Hombre muchas cosas han cambiado, no sólo en lo que al orden urbano o limpieza de fachadas se refiere. El casco antiguo está más reluciente que nunca y los propios zamoranos comienzan a ver su patrimonio con otros ojos. Estamos en la cuna del románico, fruto del esplendor vivido en la villa durante el siglo XII.

En total, podemos contar más de 20 iglesias de este estilo, algo inusual en cualquier otro lugar. Hasta aquí se llega a admirar el arte más puro y a sumergirse en sus leyendas. Desde una de las puertas de sus murallas –“Zamora, la bien cercada”– resulta fácil imaginar a doña Urraca increpando al Cid por no haberla elegido a ella como esposa. Junto al portillo de la Traición aún pulula el espíritu de Bellido Dolfos. En la iglesia de Santa María la Nueva aún se escuchan los gritos de los burgueses que murieron durante el Motín de la Truca.

Y entre los asientos del coro de la Catedral – del siglo XII, con un cimborrio de aires bizantinos– algún monje mira desde el más allá los pecaminosos grabados de las sillas. Se podría trazar en Zamora una ruta del románico perfecta, visitando Santiago del Burgo, San Cipriano, San Pedro y San Ildefonso, Santa María de la Horta…

Una ruta que se podría ampliar en el tiempo en edificios modernistas –esas cariátides en un balcón de la calle de Santa Clara– al más puro estilo catalán. Compañeras inevitables del peregrinar urbano son las cigüeñas, que han instalado sus nidos en lo más alto de torres y campanarios.

De interés en Zamora también son su Plaza Mayor y la de Viriato –tan animadas siempre–, el Museo de Semana Santa, el Etnográfico, el palacio de los Momos… y la iglesia de la Magdalena. Entre las arquivoltas de su portada hay que buscar un obispo con su mitral. Quien lo encuentre, está de suerte: significa que volverá a la ciudad.

Parador de Zamora
El actual Parador de Turismo encuentra acomodo en el antiguo palacio de los Condes de Alba y Aliste, edificio construido en el siglo XV, aunque reformado con posterioridad, en el XVI, al salir bastante mal parado en la guerra de las Comunidades. Estamos ante un palacio gótico-renacentista, levantado, posiblemente, sobre la antigua alcazaba musulmana. Ejerció como Real Casa Hospicio desde 1798 hasta su reconversión en hotel. Sus emblemas son la escalera monumental y el patio isabelino, con doble galería.
No te lo pierdas
Zamora es una de las ciudades más potentes, gastronómicamente hablando, de toda la Comunidad de Castilla y León. De ahí que sea imprescindible probar los mejores platos salidos del recetario local. Y, de eso, el restaurante del Parador, de aires antiguos, sabe mucho. En su carta, bacalao a la tranca, pulpo a la sanabresa y presa de ternera, como algunas recomendaciones principales. Para los postres, rebojo zamorano y natillas de almendra. En la bodega, buenos vinos con Denominación de Origen de estas tierras.

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