Bajo arcos de piedra
La capital más sensual de Castilla y León adquirió la categoría de Ciudad Patrimonio de la Humanidad en 1985, y lo logró no sólo por el acueducto romano mejor conservado del mundo sino por atesorar uno de los conjuntos románicos más impresionantes de Europa. Su casco histórico medieval fue otro de los argumentos.
La construcción del acueducto romano de Segovia data del siglo I.
No nos engañemos: cualquier itinerario básico por Segovia comienza bajo su acueducto, construido, según cuenta una leyenda, por el diablo, empeñado en conseguir el cuerpo y, sobre todo, el alma de una joven cansada de acarrear el agua por las calles de la ciudad. Ella le prometió su entrega total si, antes de que cantara el gallo, el agua llegaba hasta las puertas de su casa.
Pero como el diablo no cumplió con el reto, olvidémonos de las fábulas. La construcción del monumento data del siglo I, en tiempos de los emperadores Domiciano o Trajano.
El tramo más impactante de sus 15 kilómetros de extensión es el puente de 728 metros de longitud y 166 arcos formados por sillares de granito superpuestos, sin ligazón alguna. Pero Segovia no es solamente su acueducto.
La peatonal calle Real conduce a la parte alta de la ciudad, donde sobresalen el mirador de la Canaleja –con buenas vistas sobre la sierra de Guadarrama–, la casa de los Picos –mansión renacentista con afiladas puntas de granito en su fachada–, el palacio de los del Río y el edificio de La Alhóndiga.
La Plaza Mayor enmarca los pináculos del ábside de la Catedral, de estilo gótico tardío, que en sus tiempos fue escenario de numerosas representaciones teatrales. Si la Catedral es la gran dama de Segovia, ¿quién es su señor? Sin duda, el Alcázar, que corona la ciudad sobre una roca bajo la que pasan los ríos Eresma y Clamores.
Sus orígenes hay que situarlos en el siglo XII, aunque no fue, hasta una centuria después, residencia real. El monarca Felipe II le dio ese aire centroeuropeo que aportan, con elegancia y sobriedad, sus tejados cubiertos de pizarra.
En la visita al edificio es posible admirar el patio de Armas, la sala de Aljimeces, la sala del Cordón, el tocador de la Reina y la torre de Juan II, entre otras estancias. No hay que olvidar que desde los jardines se consiguen las mejores vistas de la muralla segoviana.
La piscina del Parador.
Casi tan importante como su acueducto o su Alcázar, y no es exageración, son los asados al horno tan característicos de Segovia. Porque no hay nadie en el mundo que venga a visitar esta ciudad y no caiga rendido ante ellos. Cordero lechal o cochinillo tostón, a elegir.
Eso sí, exigiendo siempre que la materia prima cumpla determinadas condiciones en cuanto a su origen –que sea de la zona–, edad –21 días el cochinillo, pocos meses el lechazo–, peso –entre 5 y 6 kilos el lechazo, no más de 4 el tostón– y, sobre todo, que hayan sido alimentados sólo con leche materna.
Un buen sitio para degustar cualquier de estas dos opciones es, sin lugar a dudas, el restaurante del Parador, con espectaculares vistas de la ciudad y una no menos espectacular carta, que ofrece otros platos típicos, como los judiones de La Granja o la sopa castellana.
A los postres, nos quedamos con los quesos o con el dulce por excelencia, el ponche segoviano, mitad torta, mitad tarta, de cremoso interior y aspecto tostado. En cuanto a vinos, de la Ribera del Duero, por supuesto.
Existen en Segovia, a lo largo del año, diversas citas gastronómicas indispensables, en las cuales se pone de manifiesto la relevancia de la cocina tradicional. Destaca entre ellas la Semana de la Cocina Segoviana, en primavera, con degustaciones, visitas culturales y concursos de corte de jamón.
Parador de Segovia

No te lo pierdas
¿Qué tal un paseo a caballo? ésa es la propuesta que ofrece el Parador a sus clientes. La ruta se inicia desde el picadero situado entre el puente romano y las ruinas del palacio de Juana la Loca para bordear, después, la dehesa del El Parque y adentrarse en la llamada zona Máquina Vieja hasta llegar al recientemente restaurado puente de los Canales. Cruzando el arroyo Peñalara se accede al pinar de Valsaín, por donde prosigue el itinerario siguiendo el cauce del río Eresma. A los más intrépidos siempre les quedará la posibilidad de realizar un viaje en globo por la zona.
Grupo Zeta








