Paradores

El túnel del tiempo

Dicen que es la ciudad de las tres mentiras: ni es santa ni es llana ni tiene mar. Ni siquiera Gil Blas, que da nombre al Parador, existió: es un personaje de ficción creado por un dramaturgo francés del XVIII que jamás estuvo aquí. Él se lo perdió. Santillana es medieval y su entorno encierra el mayor legado de la prehistoria.
La Colegiata de Santa Juliana data del siglo XII.
61| Por las calles empedradas.
La cornisa occidental de Cantabria esconde, en su interior, una ciudad de ésas en las que resulta imposible no detenerse: Santillana del Mar. Los escudos blasonados de las casas construidas en piedra nos hablan de un lugar en otros tiempos poderoso, donde los hidalgos adornaban sus viviendas con muebles románticos, bibliotecas y jardines con plantas traídas expresamente de los más recónditos rincones del planeta. El casco antiguo conserva toda su impronta medieval, algo por lo que fue declarado, hace ya más de cien años, Monumento Histórico-Artístico. Y es que monumental e histórica es esta villa de Santillana del Mar, recurrente motivo de inspiración de improvisados pintores que, cada domingo, buscan algún rincón melancólico para captar todo su color y calor. El Parador de Gil Blas es un buen centro de operaciones para descubrir la localidad sin prisas, ya que se encuentra a sólo unos pasos de los principales monumentos de la ciudad. Junto a él destaca la Colegiata de Santa Juliana, del siglo XII, una de las más importantes muestras del románico en Cantabria, con un precioso claustro que se puede visitar. Los capiteles historiados de las columnas de las galerías oeste y sur, junto con los motivos vegetales de las del norte, forman un conjunto escultórico de inmenso valor. Alrededor de la Colegiata, la Fundación Jesús Otero, el Palacio de los Velarde y el Museo del Barquillero, una casita que ofrece en su planta baja dulces artesanos, mientras que en la superior exhibe una muestra de juguetes, planchas de hierro, partituras musicales y objetos relacionados con el oficio del barquillero. Cruzando la carretera que da acceso a la villa se alza el Museo Diocesano, instalado en el Convento de Regina Coeli, con una importante colección de arte popular. Pero el atractivo de Santillana del Mar no puede resultar más etéreo. Está en sus calles empedradas y en sus tiendas de artesanía local, que se abren paso entre los numerosos establecimientos de recuerdos.

Parador de Santillana Gil Blas.
62| Una vuelta al pasado.
A dos kilómetros de Santillana emerge la Capilla Sixtina del Cuaternario o, lo que es lo mismo, las Cuevas de Altamira, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Sus grabados y pinturas, con trazos rojos, amarillos y violetas formando figuras imposibles (símbolos religiosos, tal vez) y posibles (jabalíes, caballos, una cierva…), fueron realizados hace más de 15.000 años. Se trata, pues, del mayor tesoro encontrado de aquel periodo, cuyo hallazgo, por casualidad, como suelen ocurrir todos estos acontecimientos, sirvió para entender al hombre del Paleolítico como una persona dotada de sensibilidad. Lo cierto es que el arte prehistórico tiene su máxima expresión aquí, en estas cuevas descubiertas allá por el año 1868. Pertenecen a los periodos Solutrense y Magdaleniense y en ellas es posible reconocer siluetas de animales entre los perfiles rocosos de la caverna con total naturalidad, como si fueran una parte de ellas. Extraños signos, manos y, por supuesto, el célebre bisonte. En total, 70 grabados y casi cien figuras polícromas que hoy no se pueden ver. ¿O sí? Hace tan sólo unos años abrió sus puertas la Neocueva, en el interior del Museo de Altamira, justo al lado, que reproduce las pinturas originales con una absoluta exactitud para así evitar el deterioro que las visitas provocaban en esta joyas del arte.

Habitación del Parador de Santillana Gil Blas.
63| Por la costa occidental.
La visita por la costa occidental de Cantrabia puede comenzar en el Parque Natural de las Dunas de Liencres, uno de los más importantes sistemas dunares del Cantábrico. La ruta hasta llegar a él atraviesa un bosque de pinos y desemboca en un aparcamiento situado frente al mismo mar, con una playa a cada lado. Si la enigmática y fascinante representación artística de las Cuevas de Altamira resulta sorprendente, no lo es menos una de las obras que acoge Cantabria de otro genio mucho más actual, Antonio Gaudí. Sólo hay que llegar hasta la localidad de Comillas para recrear la vista ante su Capricho, al que se accede por la carretera que viene desde Cabezón de la Sal. Fue construido en el año 1885 y constituye todo un alarde de imaginación y fantasía de su creador, que jugó con los volúmenes y los mosaicos para otorgar inconfundibles aires mediterráneos al edificio. Frente a él, no hay que dejar de visitar la Capilla Panteón de los Marqueses de Comillas y el Palacio de Sobrellano. Tampoco, la Universidad Pontificia, antes de abrir horizontes y pasar a descubrir el Parque Natural de Oyambre, un magnífico espacio protegido que se expande hacia el sur y el oeste de Comillas. De su casco urbano parte una carretera que tras unos tres kilómetros concluye en la playa de La Jerra, en el mismo cabo de Oyambre. En el camino, la carretera cruza sobre la ría de La Rabia, donde desembocan, formando una ensenada, los ríos Turbio y Capitán. Después de contemplar el paisaje, hay que seguir hasta San Vicente de la Barquera, última gran villa marinera de Cantabria antes de alcanzar el Principado de Asturias. Todo su casco viejo está catalogado como Conjunto Histórico-Artístico, así que se impone pasear por él antes de rematar este viaje por la costa occidental con una buena y opulenta comida primero, y con un baño de sol después, en la agreste playa del Merón.

Parador de Santillana del Mar.
64| Todos a la mesa.
Playas y naturaleza conforman los dos reclamos de Cantabria, al que habría que sumar uno más: su gastronomía. Santillana del Mar presume de ser la mejor embajadora de los sobaos pasiegos y las quesadas. En las tiendas tampoco faltan los quesos y tampoco las tabletas, deliciosos bizcochos caseros. Aunque, sin duda, el gran protagonista de la culinaria en Santillana es el cocido montañés, con alubias en vez de garbanzos. Primero se come la sopa y, después, el compaño (chorizo, costilla, morcilla y tocino). En el restaurante del Parador de Gil Blas lo sirven como en ningún otro sitio, aunque, en su carta, podemos encontrar otras muchas especialidades, todas contundentes, como marca la tierra: solomillo de añojo con salsa de Tresviso, merluza en salsa cántabra, almejas de Pedreña, ensalada de anchoas, ventresca del Cantábrico… Para bajar las calorías después, nada como subir y bajar las cuestas de Santillana del Mar y caminar escuchando el silencio en sus breves tardes de otoño.

Parador de Santillana Gil Blas
El Parador de Gil Blas está formado por dos cuerpos: el más antiguo se corresponde con una casona-palacio, la de los Barreda-Bracho (siglos XV y XVI), si bien su aspecto actual data de los años veinte del pasado siglo, gracias a la intervención en ella del Conde Güell, mecenas de Gaudí. El portón de entrada precede a unas estancias diáfanas y acogedoras, con suelos de madera y decoración tradicional, con muebles antiguos y camas con dosel.
No te lo pierdas
La habitación del Emperador –la 205– es la más emblemática del Parador. Por ella han pasado personajes históricos, como Charles de Gaulle o los emperadores de Japón. El suelo de madera, rematado con hachuela, y la chimenea, así como el mobiliario y cortinajes, crean un ambiente confortable en el que el tiempo parece detenerse, lejos de las prisas de la vida moderna. La terraza se asoma al relajante jardín.
Parador de Santillana del Mar
El Parador de Santillana del Mar se ubica en una casona al más puro estilo cántabro, de nueva construcción, que se ha edificado respetando la arquitectura típica de la zona y que está perfectamente integrada en el privilegiado casco histórico de esta bella localidad del norte de España. Estancias confortables, con un agradable ambiente y vistas al idílico jardín ayudan a encontrar la tranquilidad y el reposo a todos los huéspedes en un edificio donde la madera y los muebles antiguos son los grandes protagonistas. Su oferta de escapadas es de las más completas: parques naturales, playas o el museo de las cuevas de Altamira se encuentran muy cerca.
No te lo pierdas
El Parador de Santillana del Mar ofrece a sus clientes la posibilidad de descubrir, durante 2009, el Parque Natural de Saja-Besaya en todoterreno. Una jornada en plena naturaleza, que se combina con rutas senderistas. En el parque se dan casi todas las características que definen el paisaje típico de las montañas del interior de Cantabria. Son de especial interés los robledales de Bárcena Mayor y el avellanal de Coo.

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