Paradores

Un viaje interior

Contemplar el Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago desde la habitación de un antiguo hospital del siglo XV es algo más que un sueño. Una realidad que ofrece el Parador gallego en esa plaza que se convierte, cada día, en punto de encuentro de peregrinos llegados desde cualquier rincón del mundo.
53| En la plaza más anhelada.
En el año 1985, Santiago de Compostela fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad al considerar la Unesco que a su belleza urbana y a su integridad monumental era preciso añadir los profundos ecos de su significación espiritual como santuario apostólico y destino del más importante movimiento religioso y cultural de la Edad Media: la peregrinación por el Camino de Santiago, que culmina en la Plaza del Obradoiro, donde nos encontramos.

El Parador se encuentra aquí mismo, en esta plaza del mundo, acomodado en el Hostal de los Reyes Católicos, que, junto al pazo de Raxoi y el pazo de Xelmírez, flanquean la anhelada Catedral, construida entre los siglos XI y XIII como una pequeña ciudad de piedra, con una entrada, el Pórtico de la Gloria, obra del maestro Mateo, que es la cumbre de la escultura románica.

Justo detrás del parteluz, que muestra a media altura las huellas de las manos peregrinas, es donde se encuentra el Santo dos Croques, o lo que es lo mismo, el maestro Mateo arrodillado, que, según la tradición popular, tiene el poder de transmitir su talento a quienes le den tres cabezazos. Sólo así se está preparado ya para adentrarse en el templo, de cruz latina, y si hay suerte, contemplar cómo el botafumeiro se eleva hasta las bóvedas del crucero con la ayuda de los hábiles tiraboleiros.

Como la devoción nunca ha estado reñida con el placer, conviene, después, darse una vuelta por las calles aledañas a la Catedral –sobre todo, las rúas del Franco y la Raiña– y degustar, en cualquiera de sus tabernas, un buen ribeiro acompañado de una empanada de xoubas.

Templos, monasterios, casas, pazos y museos –muy interesante el Centro Galego de Arte Comporáneo– completan el recorrido más cultural, que debe acabar siempre de una forma especial. Nuestra sugerencia: contemplar la caída del sol sobre la ciudad desde el parque de la Alameda, salón natural de Santiago de Compostela, que destaca por la gran variedad de sus especies arbóreas, entre ellas una espectacular carballeira (conjunto de robles).

El Parador de Santiago, de fachada plateresca, es uno
de los hoteles más antiguos del mundo.
54| Desde las alturas.
Existen muchas formas de acercarse a la catedral de Santiago de Compostela. Con devoción, curiosidad, respeto… Pero, de todas ellas, la más atrevida es aquella que consiste en contemplar el templo desde las alturas, paseando por sus cubiertas (todos los días, de 10.00 a 14.00 y de 16.00 a 20.00 horas).

Las visitas son guiadas y comienzan en el palacio de Xelmírez, donde se explican distintos espacios de importancia arqueológica para continuar después la ascensión a través de la torre de la Carraca y acceder, a continuación, a la tribuna de la Catedral –sobre el Pórtico de la Gloria– para subir, después, los últimos tramos de escalera por la torre de las Campanas.

De ahí se sale a la cubierta, en donde se realiza un recorrido perimetral, descendiendo, finalmente, por la torre de la Carraca, con salida a la calle por la puerta de entrada. Una experiencia única, que bien resume una frase del Codex Calixtinus: “Quien por allí arriba va, aunque suba triste, se alegra al ver la espléndida belleza de este templo”.

Y es que subir a las cubiertas del santuario jacobeo es tener acceso a un lugar privilegiado desde el cual se obtiene una visión distinta y complementaria tanto de la basílica como de Compostela. Un mirador de excepción desde donde atisbar la amplia comarca que la rodea, con sus históricas montañas.
Parador de Santiago
Fueron los Reyes Católicos quienes mandaron construir, a finales del siglo XV, un hospital para acoger a los peregrinos que llegaban a la Plaza del Obradoiro. Convertido después en hospedería, el hoy Parador es uno de los hoteles más antiguos del mundo, con una fachada plateresca en cuyo friso aparecen las figuras de los Doce Apóstoles. Tras ella se abren cuatro claustros, salones y estancias con vistas al Pórtico de la Gloria, aunque el Hostal tiene su propia capilla, Monumento Nacional.
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La habitación 123 del Parador, construida en 1798 por el administrador Nicolás de Neyra para alojar sus despachos, hace honor en su nombre –Antiguo Archivo del Hospital– a su pasado. A ella se accede desde el recibidor por unos escalones de piedra. El dormitorio dispone de una amplia y confortable cama de matrimonio con dosel, aunque lo que más llama la atención en él es el techo abovedado y la pared, también de piedra, que otorgan un toque acogedor al ambiente de este inigualable lugar, que rezuma historia y proporciona la tranquilidad más absoluta.

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