Paradores

Asomada a su balcón

Sólo el vértigo puede frenar las ganas de asomarse a ese balcón que es el jardín del Parador, en el centro de la ciudad malagueña. Antigua y monumental, en la serranía del mismo nombre, entre gargantas y paredes, Ronda brinda múltiples atractivos: edificios con historia, fiestas taurinas y el sabor andaluz de sus platos.
El puente sobre el Guadalevín, del siglo XVIII, cruza una estrecha
garganta de más de 180 metros de profundidad.
73| Lo mejor de la gastronomía.
No existen calificativos para definir la carta que el Parador de Ronda ofrece a sus comensales. La gastronomía es uno de los puntos fuertes de esta ciudad malagueña, a la que muchos viajeros llegan sólo por probar sus más sabrosas especialidades.

En el Parador se pueden degustar todas: perdiz estofada, cabrito asado, conejo a la rondeña, sopa de almendras, ajo blanco, salmorejo… Productos muy típicos de la ciudad son los derivados del cerdo, la miel, el queso de cabra y el aguardiente, como no puede ser de otra forma en un lugar serrano.

A ellos hay que sumar los dulces que se elaboran en sus conventos –yemas, por ejemplo– y los de herencia árabe, como los pestiños de almendras. Sólo hay que echar un vistazo a los alrededores de Ronda para darse cuenta de que está rodeada de olivares. De ellos se obtiene el líquido más preciado, un aceite de oliva puro, de baja acidez, con ligeras tonalidades verdosas y de gran fragancia.

Los alfajores, rosquillos de almendra y suspiros hay que buscarlos siguiendo la ruta de los pueblos blancos que se enmarcan en las laderas de las montañas que acogen el río Genal, en las proximidades rondeñas.

74| Vistas de vértigo.
A 100 kilómetros de Málaga, huyendo del mar, Ronda resume, como ninguna otra ciudad, toda la esencia de Andalucía: elegante en sus templos, noble en sus palacios y discreta en sus barrios. Asentada sobre una enorme pared vertical de rocas, la ciudad asume la división que de ella hace el río Guadalevín, que atraviesa el núcleo urbano formando un espectacular tajo.

Desde la plaza del Campillo parte un camino que conduce hasta la base del acantilado, desde donde se obtienen unas fantásticas vistas del puente Nuevo, todo un símbolo rondeño, impresionante obra de ingeniería de siglo XVIII que cruza una estrecha garganta de más de 180 metros de profundidad.

Al otro lado del puente, en la plaza Teniente Arce, se encuentra otro emblema de la ciudad: su famosa plaza de Toros, que se puede visitar junto a su Museo. Fue construida en el año 1785, toda en piedra, con una espléndida portada barroca.

A principios del mes de septiembre, dentro del programa de las fiestas de Pedro Romero –torero malagueño– figura siempre su tradicional corrida goyesca. Cruzando el puente, a la izquierda, la calle de Santo Domingo conduce directamente a la Casa del Rey Moro, que no hace honor a su nombre ya que data del siglo XVIII.

Desde ella se puede bajar, por una larga escalera tallada en la propia roca, hasta la Mina, edificio de tipo militar erigido por el rey Abomelic. A la derecha, hay que seguir la calle Tenorio para encontrar la iglesia de la Virgen de la Paz, patrona de la ciudad. Muy cerca se localiza la Casa del Gigante, una vivienda musulmana del siglo XVI.

árabe también es el alminar de San Sebastián, en una zona muy pintoresca con muchos rincones con encanto, como el callejón de los Tramposos, tras el que se alza la iglesia de Santa María de la Encarnación, con una zona gótica y otra renacentista en su interior.

El Ayuntamiento, la puerta de Almocábar –que, en sus orígenes, daba acceso a la alcazaba–, el sillón del Moro, la fuente de los Ocho Caños y la Posada de las ánimas –en la que se hospedó el mismísimo Cervantes– completan el patrimonio histórico-cultural de la ciudad.
Parador de Ronda
Situada junto al puente Nuevo, la antigua Casa Consistorial, construida en 1761, acoge entre sus muros un Parador que ha respetado su fachada original, sus arcadas, cornisas y hasta el primitivo reloj. El interior es una comunión de estilos clásico y moderno, combinados por los diseñadores Pascua Ortega y Javier Muñoz. Las habitaciones resultan especialmente acogedoras, sobre todo las dúplex con terraza. Destacan la cafetería, la piscina y el jardín, tras el que se abre el espectacular tajo rondeño.
No te lo pierdas
Son muchos los miradores que hay en Ronda, pero sólo uno tiene el calificativo de ‘único’. Las vistas sobre el puente Nuevo y las casas colgantes sobre la hoz del río Guadalevín desde la misma cama son, sin duda, el mayor atractivo de la habitación 125 del Parador, denominada la del Tajo. Su decoración –realizada por Pascua Ortega– da protagonismo a la luz malagueña, que se cuela por las ventanas para iluminar los suelos y muebles de madera. Su sofá profundamente rojo es la única concesión al color en un espacio donde predominan las tonalidades claras.

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