Paradores

Blanca y radiante

Es uno de los centros turísticos más atractivos y demandados del litoral almeriense, aunque para encontrar su centro histórico haya que avanzar tierra adentro. La sierra de Cabrera da cobijo a Mojácar, que cobija a su vez historia, leyendas y a gente bohemia que ha hecho de la artesanía toda una forma de vida.
27| Kilómetros de playa.
Cuenta una leyenda difundida en la zona que en esta localidad almeriense nació Walt Disney en 1905 y que su verdadero nombre era José Guirao. Un buen tema de conversación para iniciar un paseo más que agradable por esta hermosa villa andaluza, elevada en un promontorio de la sierra de Cabrera, coronado por un castillo.

Las espectaculares vistas que desde él se obtienen, sobre la serranía y la costa, suponen todo un motivo para justificar el ascenso, aunque toda la magia que tiene Mojácar se encuentra en sus calles, entre sus preciosas casitas blancas e inmaculadas, azoteas, miradores, ventanas, cúpulas…

El centro neurálgico de la ciudad es la plaza Nueva, a la que se accede tras subir la empinada cuesta de la avenida Encamp. El esfuerzo tiene su recompensa en la terraza en la que concluye la plaza, ante la que se abre, en toda su inmensidad, el valle de las Pirámides. La calle Alcalde Jacinto nos pone en camino hacia la Iglesia de Santa María, templo-fortaleza renacentista construido en el siglo XVI frente a cuya puerta se puede contemplar un monumento a la mujer mojaquera.

Algo más abajo, desde la plaza del Parterre, atravesando la calle En Medio por la que discurría la muralla, se llega al Ayuntamiento, a la plaza del Caño, la puerta de la Ciudad y al barrio musulmán, de inequívocos aires árabes. La ciudad es un continuo sube y baja, como nuestro itinerario, que culmina en la plaza de las Flores.

Pero no todo está visto. Aún nos queda la costa, que se extiende a lo largo de unos 17 kilómetros, ofreciendo playas de todo tipo. Las hay urbanas, como la de la Rumina, la Cueva del Lobo o El Descargador. Pero también otras más aisladas, como la del Castillo de Macenas, El Sombrerico o la de las Granatillas, de arena rojiza, poco concurrida por su difícil acceso.

El centro neurálgico de Mojácar es la plaza Nueva que
ofrece bellas vistas del valle de las Pirámides.
28| De copras y fiestas.
Más famosa incluso que sus costas o su esbelta silueta incrustada en la sierra es el símbolo de Mojácar. Una figura humana con los brazos extendidas y un arco sobre sus manos que se puede observar en todas partes.

Se trata de una figura de origen ancestral y significado desconocido que se encuentra pintada en la cueva de los Letreros, en la falda del monte Maimón, en Vélez-Blanco, también en la provincia de Almería.

Hacerse con un indalo de recuerdo es sencillo: están en todas las tiendas impresos en los más variados soportes. Y es que la artesanía es uno de los principales atractivos de esta localidad, de la que son típicas las mantas, colchas y cortinas pero, sobre todo, las jarapas, alfombras tejidas con múltiples colores y de herencia árabe. Una herencia que se deja sentir en la fisonomía de la villa –casi inalterada con el paso del tiempo–, la gastronomía local –son típicas las gachas, los encebollaos y las tarbinas– y en las fiestas.

¿La más concurrida? La de Moros y Cristianos que tiene lugar el segundo fin de semana de junio, de gran fastuosidad. Aunque lo mejor de Mojácar son sus habitantes.

En la ciudad vive gente curiosa de ésa que tiene un claro proyecto de vida en el que la satisfacción personal está por encima de todo. Bohemios artesanos de la cerámica, la plata y otros metales, el cuero o la confección, que se han instalado aquí y que aportan una especial personalidad a las calles del centro histórico.
Parador de Mojácar
El Parador de Mojácar, a poco más de un kilómetro de la localidad almeriense, es una construcción moderna y blanca, abierta de par en par al Mediterráneo, que se contempla en todo su esplendor desde la terraza de sus habitaciones, muy luminosas todas, algunas con decoración clásica y otras más vanguardistas. Los huéspedes pueden completar su estancia con un refrescante chapuzón en la piscina o con una sesión de trabajo en su centro de convenciones, cuyos salones están equipados para cualquier tipo de reunión. Rutas por la naturaleza, submarinismo y equitación son sólo algunas de las actividades que se pueden practicar en las inmediaciones del Parador.
No te lo pierdas
Uno de los argumentos para decidirse por este parador es el gastronómico, ya que es el restaurante el rincón más especial, acristalado todo, con vistas a la piscina y el mar. Arroz a la garruchera, gambones y remojón (ensalada de bacalao, naranja y cebolleta) son sólo algunas de las delicias que se pueden degustar a la mesa. Que nadie se olvide de dejar sitio también al postre: pastel de Vera y crema mojaquera.

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