La sal de Andalucía
Es alegre y divertida, culta y marinera, con pasado musulmán y romano, abierta al Mediterráneo. Málaga, la capital de la Costa del Sol, es el destino perfecto por la variedad de su oferta. Dos paradores con vistas únicas sobre el mar son también aliciente añadido para visitar esta urbe y sus alrededores, bañados de luz y sal.
Si Málaga es la capital de la Costa del Sol, una cosa queda clara: imposible perder de vista el Mediterráneo. Tanto si se elige el Parador de Gibralfaro como si escoge el Parador Málaga Golf resultaría imperdonable no pasar al menos una jornada junto al mar, al que ambos miran. El litoral malagueño se extiende a lo largo de 14 kilómetros ofreciendo un total de 16 playas, algunas de marcado carácter urbano, como las de Pedregalejo, San Andrés y La Malagueta, con buen ambiente nocturno, igual que la del Palo, la preferida por los extranjeros. Arenales más retirados y tranquilos son Guadalmar y Campo de Golf (con zona nudista). Y rincones con encanto, casi escondidos en cualquier mapa, los baños del Carmen y el Peñón del Cuervo. Existen, además, un sinfín de chiringuitos y restaurantes a lo largo de los paseos marítimos que las delimitan, convertidos en santuarios de la cocina tradicional malagueña, donde los reyes son el pescaíto frito y los espetos de sardinas. Son los espetos, precisamente, esos elementos imprescindibles en cualquier moraga, fiestas en la misma arena, en las que se come pescado, se bebe en buena compañía y se baila hasta la madrugada. En cuanto hace buen tiempo, todo el mundo se apunta a estas improvisadas celebraciones, que tienen su origen en la cena que hacían los pescadores al volver de faenar por la noche. La más típica es la que se organiza la madrugada de San Juan.
El Parador de Málaga Gibralfaro se levanta junto al castillo,
con la bahía al fondo y la ciudad de Málaga a sus pies.
con la bahía al fondo y la ciudad de Málaga a sus pies.
“Málaga tiene una ley muy dulce de respetar: ni está prohibido reír ni está prohibido cantar”. Teniendo en cuenta esta norma básica de comportamiento, parece evidente que la capital de la Costa del Sol sea un destino turístico por excelencia. Pero no hay que quedarse en lo elemental, sol y playa, y sí buscar todos los alicientes que ofrece la ciudad. Desde que fuera peatonalizada hace unos años, la calle del marqués de Larios se ha convertido en verdadero centro neurálgico, punto de encuentro inevitable donde ir de compras o tomar un tentempié mientras se planifica una ruta cultural. Ruta que debe empezar siempre en la Alcazaba, construcción defensiva del siglo XI desde la que se obtiene la mejor panorámica de la población y el mar. Junto a sus jardines, conserva dos lienzos de su muralla, con numerosas torres y puertas, entre las que destacan la de las Columnas, el arco del Cristo y el de Granada. La parte superior se corresponde con la zona residencial, con tres palacios evocadores de la Alhambra granadina. La Torre del Homenaje domina el barrio musulmán más antiguo que se conserva en la Península. Justo detrás de la Alcazaba se alza, junto al Parador, el Castillo de Gibralfaro, reconstruido durante la época nazarí, en el siglo XIV. El graderío de un teatro romano, bajo la Alcazaba por su cara oeste, completa el recorrido malagueño con más historia, que prosigue rumbo a la plaza de la Merced y a la calle de Granada, que acoge la Iglesia de Santiago, con una torre gótico-mudéjar. Pero es en la plaza del Obispo donde se encuentra el monumento más importante de la ciudad: la Catedral, la Manquita –sólo tiene una torre–, levantada en el mismo lugar que en sus tiempos ocupara una mezquita árabe. Fue construida entre los siglos XVI y XVIII, de ahí su mezcla de estilos: es de planta gótica, su cabecera y alzado renacentistas, con cubiertas, fachada principal y torres barrocas.
La Iglesia de Santiago, en la calle de Granada, encierra un tesoro de gran valor sentimental para la ciudad. En su interior permanece la pila bautismal en la que fue bautizado Pablo Ruiz Picasso, que nació a pocos pasos de aquí, en una casa ubicada en la esquina de la plaza de la Merced, que es en la actualidad sede de la Fundación que lleva el nombre del pintor. La primera planta del inmueble –justo en el mismo lugar donde nació y vivió el genial maestro– está ocupada por un museo, en el que hay tres salas dedicadas a diferentes medios de expresión artística empleados por el artista: cerámica, grabados y libros ilustrados. Entre la plaza de la Merced y la Catedral, se alza el Palacio de los Condes de Buenavista, un caserón del siglo XVI donde fue instalado, en 2003, el Museo Picasso, auténtico revulsivo cultural de la ciudad. Distribuidas en dos plantas es posible admirar más de 200 obras del malagueño más universal, entre pinturas, esculturas, dibujos y cerámicas. Se trata del único museo del mundo que ofrece una visión completa de las distintas etapas de la trayectoria de Picasso. La exposición es progresiva y resulta imposible destacar una sola obra. Ahí están, compartiendo espacio, desde sus cuadros de juventud hasta los retratos de sus mujeres y amantes –como Olga Kokhlova con mantilla– o su serie de las Meninas. Además, es importante fijarse en el palacio en sí, el más importante ejemplo de arquitectura señorial de la época, con bellos artesonados. La ruta picassiana puede completarse pasando por la Antigua Escuela de Bellas Artes de San Telmo, donde el padre del pintor daba clases de dibujo, el antiguo colegio de San Rafael, donde estudió, y el Instituto de Segunda Enseñanza de la calle Gaona en el que realizó el examen –un dictado y una división que se conservan– que le permitió proseguir sus estudios en A Coruña.
A 10 kilómetros de la capital, el Parador de Málaga Golf
dispone de habitaciones con magníficas vistas al mar.
dispone de habitaciones con magníficas vistas al mar.
Un recorrido de 18 hoyos con vistas al Mediterráneo. Eso es lo que ofrece el Parador Málaga Golf, situado justo en el centro de un campo, el más antiguo de Andalucía, construido en 1925, bajo el amparo de la familia real británica. Fue la princesa Beatriz de Battenberg, madre de la reina Victoria Eugenia, quien fomentó su creación, cuya dirección técnica corrió a cargo de Harry Sephard Colt. Entonces, se diseñó un recorrido de nueve hoyos, ampliado hasta los 18 tiempo después por Tom Simpson, de cuyas manos han salido Turnberry o Muirfield. El récord del campo lo ostenta el malagueño Miguel ángel Jiménez, con 63 golpes, conseguido durante la disputa del PGA Turespaña Master de Golf, en 1999, que él mismo ganó. Un recorrido exigente para el jugador veterano, pero también asequible para cualquier aficionado al golf, bordeado por arena, palmeras, mimosas, eucaliptos y pinos. Dos hoyos discurren junto a la orilla del mar… Los precios son especiales para los clientes de cualquiera de los dos paradores malagueños.
Parador de Málaga Gibralfaro

No te lo pierdas
La habitación 403 lleva por nombre Picasso, en honor del universal artista malagueño. Situada en la cuarta planta del edificio, destaca por su forma abuhardillada, con terraza privada que se puede utilizar como solárium, al tiempo que se contempla la mejor panorámica sobre la bahía y la ciudad de Málaga al fondo. Una estancia única, de mobiliario moderno, perfecta para relajarse y disfrutar del azul del Mediterráneo.
Parador de Málaga Golf

No te lo pierdas
Hasta el Parador de Málaga Golf se viene no sólo a practicar deporte, sino también a descansar. Y el mejor lugar para hacerlo es, sin duda, el espectacular jardín, que se confunde con el verdor del green en un área abierta junto a la misma playa. En el centro del jardín, la piscina constituye el reclamo perfecto para las cálidas tardes de verano, con sombrillas de paja y hamacas que invitan al relax más absoluto.
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