Paradores

La isla redonda

En la segunda isla más pequeña del archipiélago canario hizo Cristóbal Colón una última escala antes de proseguir su viaje. La Gomera es un macizo circular que se eleva hasta el Alto de Garajonay, en un Parque Nacional que es Patrimonio de la Humanidad. Entre los tajos de su accidentada costa asoman las mejores playas.
El Parque Nacional de Garajonay conserva la mejor y más extensa
laurisilva del planeta.
21|El agua que da la vida.
Estamos en una isla y eso es sinónimo de playas. En La Gomera las más turísticas son las del Inglés, la Puntilla, La Calera y Las Vueltas, todas en torno al valle Gran Rey. Pero, además de tomar el sol, aquí se pueden realizar otras muchas propuestas acuáticas. Una de ellas, quizás la mejor, consiste en subirse al barco que realiza, cada día, el trayecto hasta Los órganos, al noroeste del municipio de Vallehermoso, el mejor ejemplo del archipiélago canario del pitón sálico, en el que la erosión marina ha dejado al descubierto sorprendentes prismas verticales, gigantescas columnas con una forma que en mucho recuerdan a los tubos de un órgano de viento.

Para poder admirarlos hay que acercarse mucho, ya que por su particular ubicación, en una zona casi inaccesible, sólo se pueden contemplar desde el mismo mar. La espectacular estructura natural que los sostiene se hunde hacia un fondo de tal riqueza biológica que ha sido declarado Reserva Marina.

El agua que da vida a la isla es también protagonista de una de las fiestas con mayor tradición en La Gomera, que tiene lugar el lunes después del primer domingo de octubre.

Es la bajada de la Virgen de Guadalupe, que los marineros y pescadores pasean a hombros por la arena de la playa de San Sebastián tras haberla transportado en barca desde Puntallana. Si hay más necesidad de disfrutar del Atlántico, esperar la caída del sol desde la piscina del Parador.

Parador de La Gomera.
22|Entre barrancos precipicios.
Situada al oeste de Tenerife, al sureste de La Palma y al noreste de El Hierro, La Gomera es, para los canarios, la isla redonda. También la isla colombina ya que fue en el puerto de San Sebastián donde las carabelas hicieron una última parada antes de continuar su camino rumbo a América.

San Sebastián, la capital de aires medievales, se recuesta sobre un gran valle que se extiende desde la laguna de Santiago hasta el Parque Natural de Majona, espacio protegido –tiene un bosque de tobaibas– que llega hasta la costa. Pero también es el centro de operaciones perfecto de numerosas excursiones.

Una de ellas es la que discurre por el barranco Seco hasta llegar a Hermigua por la falda izquierda de los montes de Inchereda, a más de 1.000 metros de altitud. Cinco kilómetros bastan para llegar, después, a Agulo, singular localidad a los pies mismos de una elevada pared de basalto.

También de paredes verticales –alcanzan los 250 metros– presume el Roque Cano, espacio natural protegido, que vigila de cerca a Vallehermoso, el municipio gomero de mayor extensión, con un litoral muy escarpado.

El embalse de La Encantadora nos pone ya en camino de Arure, donde hay que tomar ya una decisión: proseguir en dirección al valle Gran Rey o coger la carretera que conduce directamente al Parque Nacional de Garajonay.

Es éste un lugar único en el mundo, que conserva la mejor y más extensa laurisilva del planeta, reliquia de los bosques de la Era Terciaria. El espectáculo en el parque está en las copas de los árboles, cubiertas siempre por una espesa niebla que impide el paso del sol.

El mirlo pone, durante todo el año, la música de fondo a Garajonay, y rompe, con sus cantos, el silencio que impera en este lugar frío y sombrío por el que resulta fascinante caminar.

Parador de La Gomera
Tiene muchos motivos el Parador de La Gomera para ser considerado casi un monumento. El primero, las vistas: impresionante el Teide de fondo. El segundo, su interior: repleto de alusiones marinas e instrumentos de navegación en recuerdo a las naves colombinas que partieron desde aquí rumbo a tierras americanas. La decoración del Parador combina los estilos castellano e isabelino sin descuidar el toque canario. De hecho, Palazuelo, su creador, estudió en profundidad la arquitectura popular de la isla para transmitir a su construcción toda la esencia de una casa canaria del siglo XVI. Las habitaciones que miran al mar son las más solicitadas. Un exuberante jardín hace el resto.
No te lo pierdas
De la misma manera que nadie debe marcharse de La Gomera sin asistir a una demostración de silbo –el lenguaje silbado de los guanches–, nadie debe olvidarse de probar la especialidad gomera por excelencia: el potaje de berros. Es posible probarlo en el elegante restaurante del Parador, que, además, ha sabido reflejar muy bien en la carta la excelencia del mar que lo rodea y los cultivos particulares de la isla.

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