Paradores

Sólo para tus ojos

Gargantas, riscos y el valle del Tormes conforman un paisaje capaz de elevar el alma tras haberse lanzado a su conquista. El Parque Natural de Gredos es el incomparable marco que dio cobijo al primer Parador de la Red hace 80 años. Un mirador desde el que contemplar una panorámica que se pierde entre sierras.
La cabra montesa es el emblema del Parque Natural de
Gredos, que se puede recorrer con rutas a caballo.
07|Al asalto de la naturaleza.
Situado al suroeste de la provincia de Ávila, entre las sierras de Villafranca y Piedrahita y las cumbres de Gredos, el valle del Tormes pasa por ser el más agreste y variado de todos los parajes de la provincia abulense.

Robles, pinos silvestres, castaños, alisos y abedules nutren el paisaje, sobrevolado, en numerosas ocasiones, por buitres leon.htmados, por el que campan las cabras montesas, emblema del Parque Natural de Gredos, como lo son también sus pueblos serranos, fundados por ganaderos trashumantes allá por el siglo X, con las típicas ventas y casas de piedra de ventanas pequeñas para aislar el calor en verano y protegerse del frío en invierno.

A la entrada de la cercana población de Hoyos del Espino comienza una carretera que penetra, en apenas unos instantes, en el corazón de la Reserva Nacional de Gredos. Hay que pasar 12 kilómetros y cruzar el río Tormes –que nace en Prado Tormejón, en Navarredonda, donde se alza el Parador– por el puente del Duque para sentirse parte integrante de un paisaje salpicado de gargantas y complicados riscos que conduce a la llamada Plataforma de Gredos, a 1.770 metros de altitud.

Los más atrevidos pueden, desde aquí, emprender una ruta –unas cinco horas y media a pie– hasta el Circo de Gredos, impresionante cogollo de la sierra.

La Laguna Grande, el pico Almanzor (2.592 metros) y cumbres, cuchillares y canchales graníticos forman una imagen irrepetible, a modo de gran fortaleza geológica esculpida por los hielos glaciares cuaternarios hace unos 10.000 años.

Resulta interesante también descubrir este privilegiado entorno del Parador a caballo, realizando alguna de las muchas excursiones ecuestres que parten siempre de Hoyos del Espino. Desde aquí pueden seguirse itinerarios por cañadas y rutas de trashumancia.

Inaugurado el 9 de octubre de 1928, el de Gredos es el primer
Parador de la Red. Alfonso XIII decidió su emplazamiento.
08|El refugio más cálido.
Fue el rey Alfonso XIII el que decidió cuál tenía que ser el emplazamiento del primer Parador de la Red, inaugurado por el propio monarca el 9 de octubre de 1928. Sus recios muros de piedra fueron levantados en el alto del Risquillo, a 1.650 metros de altitud, dominando un paisaje de rocas y frondosos pinares sobre el valle del Tiétar, con el macizo de Gredos y las sierras de Piedrahita y Béjar siempre de fondo.

Abrir bien los ojos y admirar la espectacular vista que ofrece casi desde cualquier rincón es lo primero que hay que hacer nada más poner un pie aquí, un sitio concebido como refugio para los amantes de la Naturaleza.

Descubrir su entorno es motivo más que suficiente para sentarse al calor de la chimenea de uno de sus salones, coger el mapa y comenzar a trazar rutas sobre él. ¿O no? No menos apetecible resulta la idea de no salir y dedicarse a otras actividades más contemplativas.

Leer un libro en su biblioteca, disfrutar de un café con vistas desde la terraza, descansar entre las columnas de su galería… o, sencillamente, dormir en alguna de esas camas con dosel con sabor a otra época.

El Parador de Gredos es el mejor centro de operaciones posible para disfrutar del sector central de una de las sierras más extensas de la Península. Y en cualquier época del año: es refrescante en verano, con paisajes únicos en primavera y otoño, y blanca, infinitamente blanca, en pleno invierno.
Parador de Gredos

Como no podía ser de otra forma en un refugio de montaña, es la madera el elemento principal de la decoración del Parador de Gredos, donde impera el clasicismo más absoluto en los espacios comunes (biblioteca, comedor, salones). La presencia de columnas de granito y el mobiliario rústico –sobre todo en el bar– proporcionan al conjunto un estilo muy castellano. Las habitaciones siguen esa misma línea sobria y rotunda sin perder un ápice de calidez, tan necesaria después de pasar una jornada en plena Naturaleza. Amplias, cómodas y confortables: así son las estancias del Parador, algunas de las cuales disponen de su propia terraza.
No te lo pierdas
El restaurante es el lugar preferido por los huéspedes del Parador, que disfrutan de la calidad de las legumbres y las carnes de la tierra, entre las que destacan las judías de El Barco y el chuletón de ternera. Este año, el restaurante y todos los de la Red son noticia: Paradores de Turismo celebra su 80 aniversario con una especial oferta gastronómica que reivindica la cocina tradicional española.

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