Siempre la más bella
árabe y flamenca, monumental y pagana, culta y desenfadada. La ciudad nazarí, cabeza del último reino musulmán de la Península, se extiende a los pies del macizo de Sierra Nevada ante una vega de inigualable verdor. Su Alhambra roja, en lo alto de una colina, es uno de esos lugares que hay que ver al menos una vez en la vida.
No pudo ser. Cuando en verano de 2007 se llevó a cabo una gran votación universal a través de Internet para elegir las nuevas Siete Maravillas del mundo, La Alhambra granadina, en la lista final de candidatas, no logró conquistar un hueco en el podio de honor. Pero si algo le sobra a este lugar son títulos. La fortaleza roja –eso es lo que significa su nombre– no sólo es el recuerdo más valioso de cuantos dejó en nuestras tierras el arte hispano-musulmán, sino también el monumento más visitado de España. Fue construido entre los siglos XII y XIV por los nazaríes con una doble misión: ser fortaleza militar y residencia real. Son muchos los caminos a pie que se pueden seguir desde la ciudad de Granada para alcanzar La Alhambra, pero el itinerario más bonito es el que parte desde la Plaza Nueva, donde comienza la Cuesta de Gomérez. El primer monumento que el visitante encontrará es la Puerta de las Granadas, que precede a las alamedas de La Alhambra, con álamos centenarios. Por aquí se llega a la puerta de la Justicia, la entrada al conjunto, donde también se encuentra el Pilar de Carlos V, una fuente de tres caños. Una vez dentro… ¡sólo hay que disfrutar! La antigua Medina y la calle Real –única calle transitable, con tiendas, iglesia y casas– conducen directamente al Palacio de Carlos V, quizás el edificio menos ilustre del recinto, compuesto por los Palacios Nazaríes, la Alcazaba –la Torre de la Vela tiene 45 escalones– y el Generalife, cuyos jardines, tantas veces alabados por Federico García Lorca, albergan un nuevo teatro, inaugurado en 2006, que, entre julio y septiembre, acoge, de noche, espectáculos de música y danza. No imaginamos que alguien pueda tener prisas para visitar La Alhambra, pero, aun así, es necesario recordar los lugares en los que es obligado recrearse: el patio de los Arrayanes del palacio de Comares, la sala de las Dos Hermanas del palacio de los leon.htmes, el mirador de Daraxa, al que dan las habitaciones que en su día ocupó Washington Irving, y los jardines del Partal. La famosa fuente de los leon.htmes, en el palacio nazarí del mismo nombre, se encuentra en estos momentos en proceso de restauración. Es posible ver sólo uno de sus 12 leon.htmes –el número 4–, el único preparado y listo hasta la fecha, que luce espléndido, más esbelto y con mayor definición del relieve, en el Museo de La Alhambra, en el interior del Palacio de Carlos V, junto a otras grandes joyas, como el Jarrón de las Gacelas.
El remodelado Parador de Granada brinda la experiencia
de dormir en el interior del recinto de La Alhambra.
de dormir en el interior del recinto de La Alhambra.
Calles medievales, suelos empedrados, aljibes, cármenes (típicas casas de muros altos con un jardín interior)... Bienvenidos al Albaicín, antiguo barrio musulmán de Granada, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco, que mantiene el trazado urbano de la época nazarí, desde su parte más baja, en torno a la calle Elvira, hasta su cima, en San Nicolás. Para recorrerlo lo mejor es tomar como punto de partida la puerta de Elvira, desde la que se accede a la cuesta de Alhacaba, contemplando, en paralelo, las murallas de la alcazaba Cadima hasta su fin, la iglesia de San Salvador. Aquí estamos ya a sólo unos pasos de uno de los enclaves más famosos del mundo. El atardecer sobre La Alhambra visto desde el mirador de San Nicolás es difícil de olvidar. Vale la pena, sin duda. Como lo vale también descubrir nuevos sitios para obtener buenas vistas. Desde el mirador de San Cristóbal la panorámica se amplía con el palacio de Dar-al-Horra, Sierra Nevada y el Suspiro del Moro, donde Boabdil, el último rey nazarí, lloró camino del exilio. Otro lugar de excepción es también el mirador de la Lona, desde el que se divisa la ciudad. Justo detrás se encuentra la plaza de San Miguel Bajo, muy animada siempre, con bares y terrazas donde disfrutar de dos reclamos cien por cien andaluces: sol y tapas. Aunque muchos son los que opinan que el Albaicín se ve mejor desde fuera que por dentro –desde el mirador de Daraxa, en La Alhambra, por ejemplo–, ¿es necesario alguna excusa más para visitarlo? Ahí va otra: pasar una velada en la Peña la Platería, el lugar donde a los granadinos les gusta escuchar, cada jueves por la noche, el mejor flamenco.
Este itinerario, mágico donde los haya, comienza en la plaza Nueva, donde nace la carrera del Darro, calle que discurre en paralelo al río del mismo nombre, quedando a la izquierda el barrio del Albaicín. Para muchos es una de las calles urbanas más bellas del mundo. Y no es para menos. En su entorno es posible disfrutar de los baños árabes del Bañuelo, iglesias y conventos hasta llegar, carrera arriba, al paseo de los Tristes, donde siempre resulta agradable comenzar a sentirse parte integrante de la noche granadina, sobre todo durante la época estival, con las terrazas de los bares que lo surcan desplegadas. Los bazares, con productos traídos de Marrakech, Damasco o El Cairo, se suceden uno tras otro, invitándonos a disfrutar de la cultura árabe. El paseo concluye en la Cuesta del Chapiz, donde se inicia el Camino del Sacromonte, barrio granadino lleno de embrujo, inspirador de poetas. Es el reino de las zambras, donde, cada noche, actúan cuadros flamencos. Lo mejor: contemplar, a la salida de una de ellas, la silueta de La Alhambra iluminada.
Las obras de remodelación del Parador han contribuido
a la conservación de los baños árabes del propio palacio.
a la conservación de los baños árabes del propio palacio.
La calle Navas es una de las más famosas de Granada por su alegría desbordante casi a cualquier hora del día. Situada entre la zona centro y El Realejo, comienza justo en la plaza del Carmen, la del Ayuntamiento, y sólo uno decide cuándo, dónde y cómo termina, sobre todo si se recorre, de un extremo a otro, durante la sagrada hora del tapeo, una de las costumbres más arraigadas en la ciudad. La calle Navas está llena de bares, donde las cañas siempre se sirven acompañadas de una tapa (o tapón, como dicen por aquí) gratuita. ¿Qué tal una de pescaíto frito en Los Diamantes? ¿O unos camarones rebozados? La calle de Piedra Santa, paralela a Navas, y todos sus aledaños son imprescindibles en una ruta que tampoco debe pasar por alto la calle Elvira, que parte de la plaza Nueva, hasta arriba de gente a la hora del aperitivo y también por la noche. Da igual el sitio elegido. Cualquier dirección es buena: El Espejo, Taberna Salinas, Europa II… y la Antigua Bodega Castañeda, taberna del siglo pasado donde aún sirven vinos de tonel. También muy animados son los bares y locales de copas que abren sus puertas en la misma plaza de Toros de Granada, en los bajos del coso taurino, hasta altas horas de la madrugada.
Parador de Granada

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Un Parador como éste es lógico que tenga mil y un rincones con encanto. Uno de ellos es la habitación Torre del Alba, la número 304, con una ubicación excepcional, que dispone en su piso inferior de un cómodo salón. En la parte superior, en forma de torreón, ofrece sus ventanas hacia los cuatro puntos cardinales. Como una atalaya, se puede disfrutar así de la vista del palacio del Generalife y sus jardines, la alberca, Sierra Nevada, la Vega de Granada y el recinto de La Alhambra. Un lugar incomparable.
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