Paradores

Pura abstracción

Elevada sobre una plataforma rocosa y moldeada por los ríos Júcar y Huécar se asienta una ciudad que parece precipitarse sobre sus escarpadas hoces. En plena serranía, rodeada de fantásticos paisajes, Cuenca se abre al mundo para exhibirse como Patrimonio de la Humanidad, con sus monumentos y rincones para perderse.
El Museo de Arte Abstracto Español en Cuenca merece
una visita.
45| Un sitio para el arte.
Cuando la Unesco declaró a Cuenca Patrimonio de la Humanidad hace algo más de diez años, esgrimió un único argumento: “Ser un magnífico ejemplo de ciudad medieval amurallada y haber sabido preservar sus principales edificios religiosos, construidos entre los siglos XII y XVIII”.

Pero antes de lanzarse a descubrirla, una recomendación. Puede resultar más que interesante rodear la ciudad por la carretera de circunvalación que sigue el trazado de las hoces para tener así una panorámica de todo su conjunto urbano, dividido en dos zonas: una alta y antigua, y otra baja y moderna.

Sólo así se está preparado para aproximarse en coche hasta la Plaza Mayor y, tras aparcar, iniciar cualquiera de los itinerarios artísticos y culturales posibles. Todos comienzan en torno a la catedral de Nuestra Señora de Gracia, una de las grandes joyas de la arquitectura castellana. Fue mandada construir por Alfonso VIII en el siglo XII, seguramente sobre los restos de una mezquita árabe.

Su esposa, leon.htmor, de ascendencia británica, fue quien quiso que el templo tuviera ese aire nórdico que aún se puede reconocer en sus partes más primitivas. Porque el aspecto de iglesia inconclusa se debe a las sucesivas desgracias que la catedral ha soportado a lo largo de los tiempos. Todo en ella es una obra de arte: el arco renacentista de Jamete, la rejería de la Capilla Mayor, sus dos torres gemelas… Las llamativas vidrieras del templo llevan la firma de artistas contemporáneos: Gustavo Torner, Bonifacio Alfonso, Gerardo Rueda y Henri Dechanet.

Gustavo Torner es también responsable de la remodelación del Museo Diocesano, para el que diseñó un montaje espectacular, dinámico y muy actual. Un apoyo total por parte de la ciudad a las vanguardias artísticas que encuentra su máxima expresión en el Museo de Arte Abstracto Español, en el interior de una de las Casas Colgadas, viviendas del siglo XV suspendidas sobre la hoz del Huécar.

El museo cuenta con una notable colección, en la que destacan obras de Fernando Zóbel, Chillida, Canogar y Tàpies. El palacio Episcopal, la iglesia de la Merced y la torre de Mangana, sobre las ruinas del antiguo alcázar, son otros enclaves merecedores de una visita.

Patio interior del Parador.
46| Por la ronda del Júcar.
Es éste el nombre de uno de los más bellos paseos de Cuenca, sobre todo si se elige el otoño o la primavera, las mejores estaciones para disfrutar de los colores de la vegetación que lo rodea. Hay que partir, cómo no, de la Plaza Mayor y seguir el camino empedrado sobre la hoz misma del Júcar, que se corresponde con el antiguo trazado de ronda de la época medieval.

Un paseo agradable, que permite conocer otros muchos monumentos y rincones conquenses, como la iglesia de San Miguel, de origen románico, la cuesta de las Angustias, el postigo de los Descalzos –excavado en la roca–, el convento de los Carmelitas y la cruz del Convertido, con una mano marcada.

El camino concluye en la ermita de las Angustias, fundada en el siglo XIV. Otro paseo interesante es el que se puede realizar tras descender por la calles de Santa Catalina hasta el jardín de los Poetas, desde el que se puede contemplar una estupenda panorámica sobre la hoz del Júcar y los restos de la iglesia de San Gil de Abad. La calle de Alfonso VIII cuenta con numerosas casas, como la del Corregidor o la de los Mendozas, en las que hacer un alto.
Parador de Cuenca
El Parador de Cuenca no puede tener un emplazamiento mejor: en el convento de San Pablo, fundado en el siglo XVI sobre la misma hoz del Huécar, frente a las Casas Colgadas, visibles desde algunas habitaciones. Las camas con dosel, bargueños, escritorios y muebles de época combinan con otros elementos decorativos más modernos. La elegancia es nota de distinción en los espacios comunes y en el restaurante, con techumbre de madera, donde se pueden degustar los mejores platos y dulces conquenses.
No te lo pierdas
La capilla del antiguo convento acoge hoy una moderna cafetería que da paso al claustro acristalado, lugar perfecto para relajarse y sentarse a leer en pleno invierno. El suelo original de granito ha sido sustituido aquí por otro de mármol, a modo de damero en blanco y negro. Las paredes, pintadas en caldero, proporcionan aún más luz al espacio, creando un ambiente muy especial. De noche, el claustro iluminado resulta mágico, sobre todo al contemplarlo desde las alturas, con su privilegiado entorno natural de fondo.

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