Paradores

Arte y Naturaleza

Como si de un refugio de alta montaña se tratara, el Parador de Cervera de Pisuerga, en el norte palentino, es una prolongación del apacible entorno natural que lo envuelve. Un entorno donde mandan agua y vegetación, a pocos kilómetros de una villa que ha sabido preservar el encanto noble pero también popular de su caserío.
Las 4.500 hectáreas de la Reserva Nacional de Fuentes
Carrionas dan cobijo y aire puro a este Parador.
05|A cielo abierto.
El privilegiado marco en el que se ubica el Parador de Cervera de Pisuerga determina sus rasgos más representativos y también el tipo de huéspedes, amantes todos de la Naturaleza, que vienen para disfrutar de ella en todo su esplendor, sobre todo en primavera.

El paraje que se divisa desde la terraza tiene nombre propio: estamos en la Reserva Nacional de Fuentes Carrionas. Un espacio natural protegido con una extensión de 4.500 hectáreas, que se extiende desde el noroeste de la villa palentina hasta los límites con las provincias de Cantabria y León. La Reserva se puede recorrer de muchas maneras.

Una de las formas más habituales es siguiendo la ruta que comienza en Velilla del Río Carrión –con importantes vestigios romanos– y Guardo, localidad minera cuyo principal monumento es el palacio barroco del obispo Bullón. Una sinuosa carretera permite al viajero adentrarse en un paisaje único, en el que se suceden embalses y valles que dejan entrever cumbres, algunas de las cuales alcanzan los 2.500 metros de altura, como las de Curavacas y Espigüete.

Parada obligada: Albas de Cardaños, en la ribera del embalse de Camporredondo, con un mirador de vistas inigualables. Ante tanta belleza a cualquiera le entra el apetito. Apunten esta cita: durante la última semana de julio, Cervera de Pisuerga celebra su tradicional Fiesta de Productos Artesanos de la Montaña Palentina, donde se puede comprar queso de oveja, cecina, hojaldres… Para redondear una tarde a cielo abierto.

La oferta cultural de Cervera se completa con las actividades
acuáticas en el pantano de Ruesga.
06|Villa, museo y pantano.
Si por algo se distingue Cervera de Pisuerga es por tener uno de los cascos antiguos que mejor se conservan en toda Palencia. La iglesia de Santa María del Castillo, de estilo gótico tardío, concluida en el año 1593, es su monumento más destacado, con dos verdaderas obras de arte en su interior: la capilla de Santa Ana y su retablo hispanoflamenco, con una Adoración de los Reyes pintada por Juan de Flandes.

Para acceder al templo hay que subir una fuerte pendiente que, sin embargo, se desciende con facilidad para llegar a las calles principales de la villa, con viejas casonas de salientes miradores y soportales con columnas de piedra que a veces presentan capiteles esculpidos. En las inmediaciones de la Plaza Mayor es posible admirar algunas construcciones de interés, como la Casa de los leon.htmes, en cuya fachada llaman la atención sus escudos, con felinos tallados.

La visita a la ermita de la Cruz, con una espadaña de piedra rojiza, sirve de anticipo a otro de esos lugares imprescindibles, que abre sus puertas justo enfrente, en una casa blasonada, la más antigua de la villa (siglo XV).

Es el Museo Etnográfico, donde se exponen trajes, utensilios de cocina, herramientas y objetos que recuerdan las costumbres más ancestrales de la zona. Por los alrededores son muchas las excursiones que se pueden realizar, como las que conducen al valle de Ojeda, la comarca de La Pernía, donde se alza la iglesia de san Salvador de Cantamuda –colegiata románica en medio de un prado– o la abadía de Lebanza… Pero tampoco es necesario ir muy lejos.

Justo al lado del Parador, en las azules aguas del pantano de Ruesga es posible practicar actividades al aire libre como piragüismo y paseos en kayak.
Parador de Cervera de Pisuerga

Contemplar las vistas desde la terraza del Parador, con los Picos de Europa de fondo, es uno de los principales alicientes de este refugio de montaña, donde la madera es elemento esencial en la decoración, especialmente cálida. El buen gusto y la elegancia son notas que caracterizan el interior de este alojamiento de impronta moderna, con amplias y confortables habitaciones –algunas de ellas abuhardilladas– rematadas con luminosos balcones desde los que disfrutar de un amanecer en plena Naturaleza.
No te lo pierdas
De primero, embutidos artesanos; de segundo, a elegir: cordero asado, chuleta de ternera, trucha recién pescada en el Pisuerga con torreznos, perdiz y codorniz en temporada… De postre, algún dulce de hojaldre. Son sólo algunos de los manjares habituales, castellanos cien por cien, que se pueden degustar a la mesa del restaurante del Parador mientras se contempla una espectacular imagen del pantano de Ruesga a través de las ventanas. Para rebajar la comida, nada como un paseo a caballo o en bicicleta por los alrededores.

Grupo Zeta