Especial Paradores

30 años de viajes

En 1978 no había ninguna revista de viajes en España, pero sí la curiosidad por conocer otros mundos. Para saciar esa sed de aventura y de información nació VIAJAR, la primera revista española de viajes, como reza en su cabecera. Muchas cosas han cambiado y ahora los nuevos límites llegan hasta el espacio.
TEXTO: Carlos Pascual
30 años de viajes
Los trenes ya no son lo que eran
La nostalgia es mentirosa, pero nos gusta añorar aquellos trenes expresos, con vagones de madera, donde pasabas noches eternas haciendo amigos; siempre te invitaban a tortilla de patatas y filetes rusos, y siempre había un recluta que viajaba sin pagar, qué suerte. La verdad es que no cambiaríamos tales delicias por el hecho prosaico y funcional de cruzar el Canal de la Mancha en tren o subirte al AVE, desayunar en bandeja y estar en Córdoba o Zaragoza antes de llegar a la página de deportes del periódico. El AVE empezó su andadura en España con la celebración de la Expo de Sevilla, en 1992, y en los 15 años que lleva esa línea funcionando la han utilizado más de 80 millones de viajeros, por algo será. Había que ver los ojos de besugo que pusieron los primeros pasajeros a los que se les devolvió el dinero ¡porque el tren había llegado con unos cuantos minutos de retraso! Hace muy poco, al taladrarse el túnel que van a utilizar los trenes que lleguen a Asturias, el presidente Zapatero aseguró que se van a poner en servicio 1.300 kilómetros más de alta velocidad, y que “en dos años, España será el país con más kilómetros de este tipo de transporte en el mundo”. Esto me recuerda el título de un libro de Arthur Koestler que leí precisamente en uno de aquellos trenes de madera: Del cero al infinito.

La religión de la clorofila
La ecología es a los tiempos que corren lo que el marxismo era a la edad geológica en que lucíamos barba y melena. Hace 30 años la ecología no existía; lo que había era la huerta de los abuelos, y pasar unos días en el pueblo con las vacas no se veía entonces como un gesto para salvar el planeta. Ahora lo verde es oro, oro verde. El turismo rural está de moda en nuestro país. Y no es una cuestión de dinero, ni mucho menos; una casita rural te puede costar más que un buen hotel urbano. Es simplemente una cuestión de sensibilidad, que ha cambiado en profundidad. Para orientar a una clientela que crece como la hierba, la ASETUR (Asociación Española de Turismo Rural) ha implantado recientemente un sistema de clasificación por espigas (algo que llevan haciendo en países como Francia más de veinte años). Cinco espigas es sinónimo de excelencia, y una espiga indica un servicio digno, pero sin grandes lujos. Ya se han clasificado más de 250 establecimientos rurales por toda España, y se quiere incorporar este año en torno a 500.

30 años de viajes
Del ajoarriero a la nueva cocina
Hace 30 años seguía en vigor la fatwá dictada por Alejandro Dumas y otros eximios y foráneos visitantes: España rezumaba grasa y apestaba a ajo. Aquello era un poco de ficción literaria, porque lo cierto es que si entrabas en un mesón típico y pedías los platos tradicionales exaltados por guías y folletos (por ejemplo, atascaburras, pipirrana, migas o gachas manchegas), la ventera de turno te salía siempre con lo mismo: de eso no tenemos, le puedo hacer un filete con patatas. De aquellos recetarios tradicionales y virtuales (compilados por amazonas de la Sección Femenina) hemos pasado a otro universo que tiene también un pelín de virtual, y en el cual brilla el astro de Ferrán Adrià, reconocido por todos (fuera de España, no dentro, por supuesto) como el mejor cocinero del mundo. En su última edición, la Guía Roja Michelin ha concedido su máxima puntuación, tres estrellas, a seis restaurantes españoles; dos estrellas, a nueve, y una estrella, a 105 restaurantes, y muchos opinan que han sido, de todos modos, un poco rácanos. El español ha cambiado, también gastronómicamente hablando, por eso leemos ahora a Paul Auster y tipos así, en vez de deleitarnos con la novela picaresca, un género racial que equivale a una teología del hambre.

El espacio y más allá
En conclusión: puede que 20 años no sean nada, como dice el tango, pero 30 son una barbaridad. Casi nada es lo que era. Los viajes ya no son una aventura sino un negocio que produce 898 millones de desplazamientos al año y mueve más dinero que el petróleo. Lo que queda de antes se ha tenido que adaptar o transformar (vuelos, trenes, agencias…) y han surgido conceptos y tendencias novedosos. Por ejemplo, el turismo activo, el turismo corto (city breaks, escapadas), el turismo cultural, los parques temáticos o de ocio, la fiebre por los spas, y hasta los cruceros, que antes eran sólo cosa de millonarios. Hace 30 años empezamos a viajar con una mochila a las espaldas, por carreteras llenas de polvo y moscas, y en este tiempo el mundo se nos ha quedado chico. El límite ahora es el espacio y ya hay turistas espaciales y se habla de hoteles frente a las estrellas con suites que dispongan de minutos con gravedad cero. Veremos dentro de otros 30 años hasta dónde hemos llegado y cómo se ven desde allí todos los destinos con los que hoy soñamos en el planeta Tierra.
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